martes, 10 de julio de 2018

Novedades jugonas: Dragon Ball Fighter Z


Hay que reconocer el gran partido que se le ha sacado al universo de Son Goku y compañía en el mundo gamer. No es de extrañar si tenemos en cuenta la temática de "Dragon Ball" (o "Bola de Dragón", como nos llegó a España, aunque siempre se ha conocido al manga-anime más con su título en inglés, incluso en territorio nacional), los conceptos que maneja, la espectacularidad de sus combates, la gran multitud de personajes que desfilan por su historia y los géneros que más se adecuan a lo que nos ofrece tanto el manga como el anime, sin olvidar los OVAs, o en otras palabras, las películas más o menos canónicas que fueron saliendo a raíz del éxito de la historia principal. ¿Qué nos presentaba ésta? Nada más y nada menos que el encuentro entre el pequeño Son Goku y Bulma, el primero, un chico tan inocente como poderoso, curtido en las artes marciales por su difunto abuelo, capaz de enfrentarse a cualquier peligro y poseedor de una cola de mono que le diferenciaba del resto de la humanidad, a la que no tuvo el gusto de conocer hasta hacerse amigo de la mencionada Bulma, hija de un famoso, popular, querido y millonario inventor creador de, entre otras cosas, las útiles capsulas Hoi-Poi, que pueden contener desde vehículos hasta pequeñas casas en su interior. Bulma, arisca, arrogante y egocéntrica, en un principio, da con Goku debido a que busca las siete mágicas bolas de dragón, las cuales, cuenta la leyenda sirven para convocar a un dragón que concede al poseedor de las esferas cualquier deseo, aunque sólo uno. Son Goku tiene una de las bolas, Bulma la quiere, así que consigue que la acompañe, lo que será el comienzo de una larga y fantástica aventura que hoy todavía continúa en la nueva serie "Dragon Ball Super", que lleva siendo todo un éxito los últimos años, tras un inicio titubeante que tuvo como prólogo incluso décadas sin apenas novedades alrededor de nuevos proyectos de manga-anime alrededor de Son Goku, Vegeta, Piccolo, Son Gohan y compañía.

La primera etapa de "Dragon Ball", la que va desde el primer capítulo hasta el encuentro de Son Goku con su primer Guerrero del Espacio (los llamados saiyajins, o saiyans) con la identidad de su hermano Raditz, suele ser señalada como la mejor de todas por su imaginación, humor y desenfado, entre otras características, algo bastante cierto si tenemos en cuenta que su creador, Akira Toriyama (Dr. Slump) aún no estaba mortalmente agotado por el éxito que viviría la serie conforme avanzaba, llegando a verse obligado a continuarla incluso cuando no quería, hasta el punto de que en los 90 nacería "Dragon Ball GT", continuación directa de "Dragon Ball Z", que sólo contaba con Toriyama como consultor y diseñador muy, muy alejado del proyecto, es decir, más allá de su sello, en poco más intervendría en una historia que no es ni mucho menos tan mala como se dice, consiguiendo toda una legión de fans con el paso de los años. Pese a lo grandiosa y perfecta que es "Dragon Ball", toda la etapa de la infancia y juventud de Son Goku apenas si ha sido aprovechada en los videojuegos como su etapa como adulto y padre de familia, es decir, la conocida como "Dragon Ball Z", donde la aventura se transformaba en luchas, luchas y más luchas entre personajes cada vez más poderosos, desapareciendo el humor casi por completo, siendo sustituido por tramas cada vez más serias y dramáticas, algo que se ha querido equilibrar en "Dragon Ball Super", lograndolo en muchos momentos, y quedando bastante desdibujado en otros, ocasionando así escenas bastante ridículas, pero que nos recordaban a las de aquella maravillosa primera etapa de la serie donde el pequeño Goku se atrevía a tocarle la entrepierna a todo bicho viviente para comprobar si era hombre o mujer. Por el contrario, "Dragon Ball Z" ha sido tan aprovechada en las consolas y ordenadores del mundo que resulta raro cuando una generación no recibe unos cuatro o cinco títulos donde el género de lucha es el poderoso protagonista. Y nunca mejor dicho.

Es normal. Si nos fijamos, todos los videojuegos de lucha de "Dragon Ball" se centran, precisamente, en la historia a partir de la llegada de Raditz, cuando comenzaron las muertes cada pocos capítulos, los combates cada vez más duros y largos, las transformaciones y esas peleas que destrozaban planetas enteros, antes de pasar a ser luchas por toda la galaxia, como hemos visto en muchos de los últimos episodios de "Dragon Ball Super". Eso no quiere decir que la primera etapa del manga-anime no haya sido material perfecto para los gamers, pero también es cierto que se ha usado más bien para videojuegos de cartas, de rol, aventuras y plataformas. Uno de los últimos, y más entretenidos, fue "Dragon Ball: Revenge of King Piccolo", exclusivo de Nintendo Wii, donde sólo manejábamos al pequeño Son Goku durante, la mayoría del tiempo, la saga del Ejército de la Cinta Roja, siendo el gran colofón de la obra la saga con Piccolo senior de villano, justo la penúltima antes de llegar a "Dragon Ball Z". Más tarde, tanto en la serie animada como en las viñetas, descubríamos a un Son Goku adolescente, ya crecido, más alto que la mayoría de sus compañeros y de vuelta al Gran Torneo Mundial de Artes Marciales, donde se enfrentaba con Piccolo Jr., sí, el que luego se convirtió en uno de sus mejores amigos. Ese torneo no sólo fue épico a nivel de combates, espectacularidad y acción, sino porque significaba el cruce de lo que sería "Dragon Ball Z" y lo que era "Dragon Ball", además de suponer el "final" de ésta y, al fin, la confirmación de que Goku ganaba el torneo, convirtiéndose en la persona más fuerte de la Tierra. A partir de ahí, entrabamos en la etapa Z de la historia, donde el protagonista descubría su origen extraterrestre, derrotaba al aniquilador de su raza, luchaba contra sombras de su pasado en forma del regreso del Ejército de la Cinta Roja (la saga de los androides) y, finalmente, llegaba el monstruo Bu, el villano definitivo, capaz de destruir la Tierra sin mucho esfuerzo, terror de todo el universo y el enemigo que consiguió que, después de todo, Goku y Vegeta se volvieran no sólo aliados, sino también amigos, transformando al segundo en un gran personaje (y eso que ya lo era) capaz de comerse a Son Goku con patatas en carisma y protagonizar él mismo su propia serie.

Vale. Ahí no terminó todo. Tenemos las películas de "Dragon Ball", las cuales, precisamente, van desde la primera etapa hasta la Z, considerándose algunos incluso canónicas, no sólo por la importancia de lo que cuentan, sino por personajes, aliados y villanos, que calaron tanto en los fans que es raro que falten en algún videojuego basado en "Dragon Ball". Curiosamente, los primeros filmes eran variaciones bastante curiosas de las historias de la serie principal, como por ejemplo, de los primeros capítulos donde Goku y Bulma se unen para encontrar las bolas de dragón, del primer Torneo de Artes Marciales con Krilín ya de por medio y de la saga del Ejército de la Cinta Roja. Poco a poco, y conforme avanzaba la historia original, las películas fueron cambiando, y aunque presentaban eventos alternativos a los que ya conocíamos (por ejemplo, Goku no se transformaba en super saiyajin al contemplar el asesinato de Krilín a manos de Freezer en el planeta Namek), poco a poco, lo que se nos contaba podía ser encajado de maneras sencillas en la trama original. Aun así, eso tampoco fue un impedimento a la hora de que, como decía anteriormente, algunos aliados y villanos de estas películas fueran usados de mil y una diversas formas, en especial, en los videojuegos; desde el popular Broly hasta el curioso Turles, con un gran parecido físico a Goku, pasando por Garlick Jr., quien se asemejaba también bastante a Piccolo, Cooler, el hermano de Freezer, e incluso los androides previos a los que conocimos en la saga que finalizaba con el espectacular enfrentamiento final contra Célula. Precisamente, en uno de estos filmes descubríamos, por ejemplo, la fusión entre Goku y Vegeta, Gogeta, por medio de la técnica que el primero les enseña en la serie principal a Trunks y a Goten, así como el pasado del padre de Goku, la destrucción del planeta Vegeta por parte de Freezer y el futuro de que venía Trunks para avisarles de la llegada de los androides, historias éstas que sí son consideradas canónicas. Sin ir más lejos, el regreso por todo lo alto de la historia principal tuvo lugar en dos películas: "La batalla de los dioses" y "La resurrección de F". Ambas fueron adaptadas a la serie de "Dragon Ball Super", siendo mejor desarrolladas durante intensos capítulos que fueron el prólogo perfecto para los episodios inéditos, todos enclavados tras la victoria sobre el monstruo Bu, pero no justo después del final de "Dragon Ball Z", rumoreándose que tarde o temprano todo conectará con "Dragon Ball GT", serie que también se ha usado bastante en videojuegos, tanto sus secundarios, como las brutales transformaciones aparecidas en ella y, por supuesto, los villanos que tan difíciles les pusieron las cosas a los nuevos guerreros Z. Y eso sin olvidar la gran cantidad de historias paralelas, personajes alternativos y líneas temporales diferentes a las originales que pululan por la ingente cantidad de títulos gamer que pueblan las consolas y los ordenadores de todo el planeta.

Tengamos en cuenta que "Dragon Ball" es un manga-anime que nació a principios de los 80, concretamente, y si no me fallan las cuentas, en 1984, apareciendo en 1986, solamente dos años después, el primer videojuego oficial de las aventuras de Son Goku y compañía. Imaginaos el bombazo que tuvo que suponer para el mundo, en especial para tierras niponas, la aparición de las Bolas de Dragón, para tener, dos años más tarde, su propio videojuego, justo el mismo año en el que apareció el anime. Como ocurrió tanto con el manga como con el anime, Goku y sus amigos tardaron en ver la luz en formato gamer, siendo los 90 la década en la que, junto al boom del manga-anime, explotó por casi todo el planeta la fiebre de "Dragon Ball". Por entonces, la fama de los videojuegos estaba más que contrastada en Japón, hasta el punto de que no había año en el que no saliera un título para la consola del momento, sin olvidar otros sistemas electrónicos similares, logrando que "Dragon Ball" posea a día de hoy un extenso catálogo de videojuegos del que no nos han llegado muchos, en especial, de los primeros títulos aparecidos. Prácticamente, ninguna consola se ha quedado sin su título de "Dragon Ball", e incluso los ordenadores han ido recibiendo algunas obras, sobre todo, en los últimos años, cuando las nuevas generaciones de procesadores han dado como resultado videojuegos de la obra de Toriyama tan parecidos al anime que cuesta diferencia los unos del otro, lo cual es genial en todos los sentidos, razón por la que ya apenas se usan términos como juego de lucha para "Dragon Ball", sino más bien el de simulación de "Dragon Ball". Con esto ya podemos hacernos una idea de cómo ha evolucionado el lado gamer de la supuestamente interminable saga de Son Goku, Krilín, Piccolo, Vegeta y demás. Por supuesto, no siempre ha sido así, y podríamos dividir este avance con los títulos surgidos antes y después de la aparición de PlayStation, la máquina que lo cambió todo en el terreno de las consolas, o al menos, la que dio el siguiente paso hacia delante.

"Dragon Ball Z: Hyper Dimension" y "Dragon Ball Z: Ultimate Battle 22" fueron los dos últimos y grandes videojuegos de "Dragon Ball" que vieron la luz con una estética como la de "Street Fighter" antes de que los gráficos en tres dimensiones se hicieran con la saga. El primero salió para Super Nintendo, quien vio bastantes títulos de la saga, mientras que el segundo fue directo para PlayStation, y ambos fueron lanzados cuando todavía la serie original continuaba emitiendose, finalizando no mucho después, y apareciendo entonces "Dragon Ball GT", que al no ser canónica, sólo se ha incluido de vez en cuando en algunos videojuegos, siendo distinto el caso de las historias previas, lo que ha ocasionado, con el tiempo, que muchos fans se quejen de la repetición del modo historia en los diversos títulos que han ido surgiendo. El mejor ejemplo de esto lo tenemos en el más que correcto "Dragon Ball Z: Burst Limit", la primera obra gamer de la saga para PlayStation 3, que sólo comprendía las sagas de los saiyains, la de Freezer y la de Célula, más un par de historias extra, algo que se quedaba corto si tenemos en cuenta que "Dragon Ball Z: Budokai Tenkaichi 3" no sólo contenía a prácticamente todos, y cuando digo todos es todos, los personajes de "Dragon Ball", incluso desde su primera etapa (también la Arale de "Dr. Slump"), sino también todo "Dragon Ball", "Dragon Ball Z", "Dragon Ball GT" al completo y casi todos los OVAs, además de un buen puñado de historias alternativas creadas expresamente para la ocasión, siendo, hasta el momento, el mejor título gamer de "Dragon Ball", y sí, también en jugabilidad. Aunque hay que reconocer que "Dragon Ball Fighter Z" ha venido a disputarle el puesto con muy buenos argumentos, con un cambio de rumbo bastante interesante y con una dinámica que te hace sumergirte en la serie como nunca antes, y se dice pronto si tenemos en cuenta que títulos como muchos de los nombrados, y no digamos ya los lanzados en la generación de la alta definición, nos metían de lleno en el anime. Y en la mejor de las resoluciones.

El correcto "Dragon Ball GT: Final Bout", aparecido en PlayStation y el único título protagonizado casi en su totalidad por la tan criticada saga de los 90, nos enseñó que los gráficos 3D le sentaban de lujo a Son Goku y compañía, y no sólo para las dinámicas de los combates, sino para darnos unos gráficos que parecían estar coloreados, como salidos del mismo anime. Recordemos las peleas típicas de "Dragon Ball", sobre todo, las relacionadas con "Dragon Ball Z", y comprobaremos que un buen videojuego basado en la obra de Toriyama poco tendría que ver con títulos de lucha tan famosos como "Street Fighter" y "Mortal Kombat", por más que el género fuera el mismo. Los personajes de "Dragon Ball" recargan y aumentan su energía durante el combate, vuelan, disparan puñetazos y patadas a velocidad supersónica, se teletransportan, se transforman para conseguir más poder, lanzan proyecciones de energía capaces de convertir en desiertos cualquier escenario cuando no destruyen directamente el planeta entero, contraatacan los ataques de sus enemigos con una brutalidad salvaje y, entre muchas otras actuaciones, habría que reseñar la espectacularidad de la que siempre han hecho gala los combates de "Dragon Ball". Y aunque el "Final Bout" era un buen comienzo, hasta que no surgieron las consolas de nueva generación, con PlayStation 2 a la cabeza, ni se pudo copiar casi al dedillo esa dinámica, ni tampoco los gráficos "cartoon" del anime. "Dragon Ball GT: Final Bout" fue el ejemplo perfecto de que el camino estaba iniciado pero que había todavía mucho que pulir, aunque, con el tiempo, se han ido echando de menos los gráficos de los primeros "Dragon Ball" de lucha, intentándose unir ambos conceptos, como demostró el más que aceptable "Super Dragon Ball Z", también para PlayStation 2, un rara avis que unía las dinámicas de "Street Fighter" con las de "Dragon Ball", dando resultados bastante curiosos, en el mejor de los sentidos. En pocas palabras, ahí tuvimos el prólogo de "Dragon Ball Fighter Z", uno de los que bien podrían ser considerados como videojuegos definitivos de la saga.

Salido a principios del presente año, este nuevo "Dragon Ball" para gamers y equipos de nueva generación, prometía mucho con los primeros vídeos y, meses después, con la ventaja de estar escribiendo esta entrada cuando el videojuego ha sido más que degustado por profesionales, críticos y usuarios, hay que reconocer no sólo lo espectacular que es, sino que no acaba de ser el título definitivo de "Dragon Ball" porque ya existe "Dragon Ball Z: Budokai Tenkaichi 3", pero me da que una segunda parte, con más personajes, escenarios, historias y opciones, acabaría por sustituirle sin ningún problema. Lo que tenemos en este videojuego es, en pocas palabras, la fusión (nunca mejor dicho, dado el material que tenemos entre manos) perfecta entre los "Dragon Ball" desde PlayStation 2 y todos los que vinieron antes, tanto en estilo, tono, dinámica, modos de lucha, espectacularidad y gráficos, por supuesto, situados esto en un nivel bastante alto. Sin ser este título el primero que aparece en PlayStation 4, hay que reconocer que es el que mejor aprovecha todas las posibilidades de la consola, ofreciéndonos escenas, peleas, momentos y enfrentamientos que logran que el concepto de "emulador de Dragon Ball" no sólo tenga sentido, sino que sea una realidad palpable que va más allá de lo que un fan de la saga podría haberse imaginado nunca. Y ojo, que no estamos ante una repetición de la saga "Budokai" o "Tenkaichi", sino que toma otro camino, con enfrentamientos muy a ras del suelo, más típicos de "Street Fighter" o de un supervitaminado "Marvel vs Capcom" (lo de contar con tres personajes durante la batalla, y poder sacarlos o esconderlos según convenga, nos recordará de inmediato a esta famosa saga de juegos de lucha), que de todas las obras gamer que hemos visto con anterioridad basadas en "Dragon Ball". Es curioso como "Dragon Ball Fighter Z" es lo que en realidad debió ser "Marvel vs. Capcom: Infinite", salido el pasado 2017, y que a pesar de no ser un mal juego, fue algo decepcionante teniendo en cuenta sus grandiosos antecedentes.

Por supuesto, otro de los grandes valores de "Dragon Ball Fighter Z" es su modernidad con respecto a la historia de "Dragon Ball". A estas alturas, el videojuego no sólo nos vuelve a sumergir en las consabidas sagas de los saiyans, Freezer, androides, Célula y el monstruo Bu, sino que va más allá, adentrándose en los conceptos concebidos por "Dragon Ball Super", sin olvidar algunas historias alternativas, echándose de menos en este genial estilo de juego un regreso al pasado, a la primera etapa, al "Dragon Ball" clásico, y por supuesto, a "Dragon Ball GT". Sin embargo, uno no puede más que sospechar que se han dejado lo mejor para una segunda entrega, y ¿quizás una tercera? Cuando uno termina "Dragon Ball Fighter Z" le queda la sensación de que esto es tan sólo el principio, como al finalizar "Dragon Ball Z: Budokai 3" o el primer "Tenkaichi", sintiendo que de muchas teclas que se han ido tocando a la hora de adaptar la obra de Toriyama al universo gamer, al fin, se ha dado con la adecuada, siendo la primera de toda una sintonía que continuará con varias entregas más. Todo indica que éste es el caso, y no sólo por el gran éxito de crítica y público que se ha llevado un título que esperábamos muchos desde hace diez años, que se dice pronto (pese a las grandes entregas de "Dragon Ball" que nos ha dado PlayStation 3), sino por el hecho de que ha tocado toda consola grande, incluso ordenadores, lo cual no suele ser demasiado habitual. Jugar a "Dragon Ball Fighter Z" es ser protagonista de la mismísima serie de "Dragon Ball", participando en espectaculares combates que más que parecer diseñados dan la sensación de haber sido dibujados. Una de las mejores experiencias gamer que puede vivir un aficionado hoy día. Tanto en el género de lucha como en cualquier otro. Oro puro. Una joya. Una "pequeña" obra maestra. Y, ante todo, una carta de amor tanto a "Dragon Ball" como a los que somos fans de su leyenda desde hace décadas. Imprescindible.


viernes, 15 de junio de 2018

Reseñas literarias: Montaña rusa


Ficha Técnica

Título original: Montaña rusa
Autor: Fernando López Guisado
Portada: Eugenio Rivera
Género: Terror
Nacionalidad: España
Formato: Rústica
Nº de páginas: 288
Editorial: Ediciones Vitruvio
Publicación: 2016


Sinopsis:
Siempre se ha dicho que el terror tiene muchas caras, pero ¿cuántas formas hay de definirlo? ¿De cuántas maneras se puede identificar el miedo? El libro que tienes entre manos, lector, muestra algunas de las más deliciosas, sublimes, interesantes y soberbias esculturas del horror, el pavor, el pánico, lo inquietante y aterrador. Leyendas urbanas, fantasmas, muertos vivientes, futuros nada halagüeños, juegos mortales, asesinos en serie, monstruos y criaturas demoníacas, entre una amplia fauna natural y sobrenatural, se dan cita en las páginas de esta montaña rusa de imaginación, letras, sensaciones y atrocidades. 


Reseña:
Puede que os sorprenda a los habituales del presente blog, pero a pesar de todo mi amor, como lector y escritor, hacia las recopilaciones de relatos cortos, hacía bastante tiempo que no os traía la reseña de una. He estado muy ocupado con novelas y ensayos, lo sé, aunque también es cierto que me estaba reservando para algunas de las mejores antologías que he leído en años. Y sí, "Montaña rusa" es una de ellas, al mismo tiempo que resulta una de esas cuentas que saldo demasiado tarde. Llevaba mucho, mucho tiempo con este libro en la montaña (valga la redundancia) de pendientes, con muchas ganas de devorarlo por varios motivos, pero diversas "obligaciones" que iban antes, simplemente por cuestiones de tiempo (las colas a veces son largas, en esto de ir rellenando un blog, en especial, si no es sólo literario), no me han permitido que os traiga esta espectacular lectura hasta hoy. Así que, con una gran disculpa hacia el autor de la obra, por delante, me dispongo a traeros una antología que, de principio a fin, vale oro, abriendo además un interesante debate literario que nunca se ha cerrado en la comunidad de escritores: ¿Una prosa bella que se antepone a una historia? ¿O una prosa simplona que se centra en una historia trabajada en exceso? ¡Allá vamos!

De nuevo, me encuentro con el libro de un compañero de letras, además de amigo, claro. Conocí a Fernando López Guisado poco después de empezar a tratar lo de escribir con la profesionalidad y seriedad que se merece, alrededor de 2009-2010, sí, hace ya casi diez años, que se dice pronto. Mediante la participación en varias antologías de relatos y unos cuantos foros de literatura, llegué a quedarme con su nombre, en especial, a la hora de hablar de poesía oscura, punzante, siniestra, macabra y con una prosa digna de envidiar. En pocas palabras, Fernando López Guisado hacía verdad eso de que unos cuantos somos juntaletras y otros son escritores. Su léxico, su prosa, su riqueza lingüística, su inagotable cantidad de sinónimos y su capacidad para dejar embobado al lector con los bellos cuadros que pinta en cada palabra dejaban bastante claro que no era uno más. Sus trabajos iban de la ficción a la poesía, aunque siempre acababa decantándose por ésta, por fortuna para quienes son muy fans de los poemarios, y para mi desgracia, pues no soy muy dado a este tipo de lecturas. Si he disfrutado tanto de "Montaña rusa" ha sido precisamente porque comprobamos de qué es capaz Fernando López Guisado a la hora de unir sus dos facetas: la de escritor y poeta. Sí, sé que ambos son escritores, pero no sé una mejor forma de definirlo, de explicarlo. Lamentablemente, mis palabras no son tan certeras como las de Fernando, así que espero que con las que uso, y cómo las utilizo, sea suficiente para más o menos daros a entender lo que intento declarar.

Habitualmente, en los círculos literarios, y desde tiempos inmemoriales, se suele debatir acerca de qué es más importante a la hora de, por ejemplo, escribir una novela. ¿Es el estilo? ¿Una prosa embellecida, que confirme la sabiduría gramatical del autor, debe prevalecer sobre la historia? ¿O al contrario? ¿Un argumento trabajado, donde todas las piezas encajen de forma perfecta, en el que los giros argumentales nos cojan con la guardia baja y los personajes tengan todos vida propia desde la primera página, debe primar por delante del estilo literario del escritor? Lo correcto, o lo ideal, al menos, sería que todo fuera un equilibrio, que todo fuera de la mano, pero también es cierto que escribir un libro que funcione no es fácil, así que imaginaos lo complicado que es, además, llevarlo a cabo con una prosa preciosa y una historia que enganche al doscientos por cien, fusionando ambos conceptos a la perfección, o lo más cerca de la perfección. La mayor parte de los escritores saben hacerlo, con un equilibrio más o menos bueno, y entre los más populares tenemos cientos y cientos de ejemplos. Sin embargo, es cierto que también los hay que se decantan por uno u otro lado. Es indudable que Fernando López Guisado le da mucho más peso a su delicioso estilo, pero en ningún momento pierde de vista lo que nos cuenta, la trama principal de sus historias y, mucho menos, la coherencia argumental. En definitiva, y para dejarlo bastante claro, el lado poético del autor no se come a su lado amante de la prosa de ficción. Es cierto que existe un porcentaje que se inclina a favor del lenguaje más dado en la poesía, pero no hablamos en ningún caso de algo exagerado. En absoluto. Es más, el estilo del escritor ayuda a que historias ya algo manidas se conviertan en algo nunca visto, o leído, nunca antes. Ya sabéis. Al final, la originalidad de nuestros tiempos no se mide en lo que uno cuente, sino en cómo lo cuente. Y Fernando nos lo cuenta a las mil maravillas.

"Montaña rusa" no es para cualquier lector. O para el lector medio de terror, concretando un poco más. Con esto no quiero decir que haya que ostentar tres carreras universitarias para comprender su lectura, o ser un privilegiado intelectual para pasar de primer relato. No, no os preocupéis. Aquí no estamos hablando del consabido y tópico "no has entendido lo que quería contar" que sueltan algunos escritores cuando les cae una mala crítica (pésima forma de encajarlas, por cierto), sino de otro tipo, de uno que conlleva cierto esfuerzo extra a la hora de leer la obra en cuestión, en este caso, la antología que tratamos. "Montaña rusa" no es una lectura sencilla, y no digo esto como algo malo, sino para avisaros de que en ella encontraréis una recopilación de cuentos breves bastante diferente a la media, lo cual no significa que sea bueno o malo, al menos, no para mí. Como lector, he disfrutado mucho con los relatos narrados con la bella prosa de Fernando López Guisado, y como autor de mis propias obras, he aprendido mucho de su manejo del léxico y la gramática. Cada historia del libro requiere todos los sentidos del lector, así que cuando lo abráis, preparaos para sumergiros al doscientos por cien en él, porque de otro modo, os podéis perder algo. Es cierto que hay relatos que requiere más inmersión que otros, demostración clara de que el autor es capaz de ofrecernos lectura ligera cuando le apetece o cuando la ocasión lo requiere, pero "Montaña rusa" nos invita a que nos volemos la cabeza cada vez que terminemos una de sus narraciones cortas. Prometido y asegurado. No es una antología al uso, en pocas palabras.

La edición de "Montaña rusa" es más que correcta. Tapa blanda, portada en brillo, rústica con solapas, veintiocho relatos y una entrevista del editor al autor mediante un divertido cómic ilustrado por Eugenio Rivera, autor también de la bonita portada. Ediciones Vitruvio ha hecho un muy buen trabajo con "Montaña rusa", aunque, a título muy personal, hubiera preferido una menor cantidad de relatos, si bien hay que señalar que muchos de ellos son micros que se leen en apenas cinco minutos, y estoy siendo muy amable con el tiempo. Al respecto, hay que reconocer que el autor no se repite, a pesar de que no siga un hilo en común, siendo, quizás, esa la principal razón de que los relatos toquen diversos temas y de diferentes formas sin que nos resulten familiares después de varias páginas. Los temas que toca Fernando López Guisado están muy, muy equilibrados, destacando siempre un macabro, siniestro e inquietante humor negro en muchas de sus breves creaciones literarias. Antes de pasar a los relatos, no puedo más que insistir en el notable alto, prácticamente entrando en el sobresaliente, que consigue con creces el autor en su primera incursión en solitario con una obra de narrativa. Siendo yo poco lector de poesía, no puedo más que empujar a Fernando López Guisado a que nos regale más libros como "Montaña rusa". ¿Quién sabe? Igual si le insistimos logramos que su siguiente obra sea una novela. Poemarios, antologías... la novela es el tercer paso lógico, ¿verdad? Si no me creéis, echad un buen vistazo a los relatos de esta su primera recopilación. En cuanto acabéis con ellos estaréis suplicando por una nueva dosis de Fernando López Guisado, ya sea en poesía o narrativa. Prometido.

-Turno de noche- Uno de mis cuentos favoritos del libro, y una de las mejores maneras de comenzar una antología de terror. Tenemos entre manos una inquietante leyenda urbana que tiene como escenario las calles de Madrid, o más concretamente, un taxi que da bastante mal rollo, y me quedo corto. El autor llama la atención con este primer relato, amenazando con no soltarnos ya hasta el final de la compilación.

-Reflejo de Lorelei- Como si Fernando López Guisado quisiera mostrarnos sus mejores armas desde el inicio de "Montaña rusa", aquí encontramos una genial fusión entre relato poético y relato narrativo, con los espejos y las emociones como principales protagonistas. Reconozco que no es una de las historias con las que yo hubiera vendido el volumen, pero funciona bastante bien como segundo cuento tras el anterior.

-Magdalena- Primer relato zombi de la antología. No es el mejor, es cierto, aunque podría considerarse uno de los más cortos, pero como primer plato, como prólogo para lo que está por llegar con los muertos vivientes del autor, no está nada mal, no. Contiene una idea bastante interesante, comienzo de un pensamiento sobre cómo se le daría al escritor una novela Z que, poco a poco, aumentará conforme lleguemos a los restantes cuentos de no-muertos que contiene la antología.

-Para solteros exigentes- Antes os hablaba del humor negro que usa Fernando López Guisado con muchas de sus creaciones literarias, y aquí está uno de los mejores ejemplos de ello que posee "Montaña rusa". Es un microrrelato, tenedlo en cuenta, pero a mí me ha resultado de los más divertidos del libro. Como escritor, envidio cómo puede un compañero transmitir tanto con sólo unas pocas líneas de texto.

-Plastilina- Sin duda, uno de los mejores relatos de la recopilación. Si ésta llevase su nombre como título, no me hubiera extrañado mucho, aunque no sea tan comercial como "Montaña rusa", que al fin y al cabo es una forma bastante acertada de definir las subidas y bajadas que vive el lector mientras devora esta antología. Tenemos entre manos una macabra historia de amor con grandes dosis de mala leche, siendo más horror que terror lo que encontramos entre sus páginas. Además, no es una historia corta, y qué puedo decir, pero su tono me ha recordado mucho al de las siniestras narraciones de "Historias de la cripta", tanto los cómics como la serie de televisión. Una gozada.

-Última llamada- Un relato interesante, pero con el que no he sabido conectar. ¿Quizá por su temática? ¿Por su género? Fernando López Guisado deja momentáneamente el terror para adentrarse en la ciencia-ficción más pura. El cuento no tiene la culpa de que no me dejara satisfecho, sino que es más bien cosa mía. No es la única historia de este tipo que hallaremos en el libro, aunque las demás sí me acabaron gustando más.

-Una promesa- Segundo microrrelato de "Montaña rusa", y sigue la estela del primero, aunque con menos mala leche, todo hay que decirlo. Una nueva muestra de que el autor se maneja a las mil maravillas con la narrativa muy, muy breve, siendo capaz de atraparnos con historias compuestas por unas pocas líneas de texto.

-Villancico- No son pocos los lectores de la presente antología que hablan de este relato como si tuviera reminiscencias lovecraftianas, y aunque en parte estoy de acuerdo, creo que va más allá. Sin duda, una de las historias más interesantes del libro, de esas que atrapan, que enganchan desde la primera página, que sirven para mostrar el talento del escritor a la hora de desarrollar en papel lo que cruza su imaginación, hasta el punto de que de haber sido una novela corta me hubiera durado tanto como un microrrelato. Una joya que debéis descubrir por vosotros mismos.

-La melodía de Ulises- Otro de mis relatos favoritos. ¿Todavía no os he dicho lo que me encantan las historias de terror en alta mar? Si tienen que ver con barcos, con el océano, con islas, con faros, con cualquier tipo de embarcación, con perderse en el interminable bosque azul que es el mar, ya me tienen más que ganado. Y además, si antes hablábamos de un cierto toque lovecraftiano, ahora podemos asegurar sin ningún tipo de titubeo que el espíritu del de Providence inunda este cuento, una de las joyas del libro, una afirmación con la que soy totalmente tajante.

-Lugares comunes- Volvemos a pasar de terror a la ciencia-ficción, aunque a una más sutil que en anteriores creaciones del autor. En este caso, hablamos de universos alternativos, de dobles, de realidades paralelas, conceptos de la ciencia-ficción que, personalmente, me fascinan, así que podéis intuir que estamos ante otra de mis narraciones cortas favoritas de la antología. Para mi gusto, no posee el nivel de mis otras preferidas, pero sí es capaz de quedarse grabada a fuego en la mente de cualquier amante de los universos alternativos.

-Comegente- Y aquí va otro de los deliciosos trozos de chocolate que contiene la tarta que es "Montaña rusa", como si estuvieran todos agrupados en la misma zona. En este caso, el suspense y el terror se mezclan en la olla de horror con una historia de asesinatos cuyo título te lo dice prácticamente todo, aunque dejando lugar a las sorpresas que nos da el autor con unos macabros párrafos que consiguen que alcancemos un final realmente aterrador.

-Legionario de guardia- Regresamos al terreno de los microrrelatos con una historia más bien dramática, que se aleja del género fantástico que nos ha ido inundando hasta el momento. A pesar de que no es de los mejores cuentos del volumen, al menos para quien esto escribe (tampoco es que sea muy aficionado a los micros como lector, recuerdo), sienta bien tener algo de tranquilidad, por decirlo de alguna manera, tras los potentes relatos que hemos ido devorando en las últimas páginas, y no precisamente cortos, por cierto.

-El negocio familiar- Fernando López Guisado vuelve a ese tono entre macabro, siniestro y de humor negro con muy mala leche que tanto le gusta, con una historia que funciona a las mil maravillas de principio a fin, y de la que apenas os puedo contar nada, porque lo genial es llegar a ella sin saber absolutamente nada al respecto. ¿Os pensabais que, llegados a este punto, el autor no sería capaz ya de pillarnos con la guardia baja? Pues atentos a este relato, porque desarma esa idea como si fuera un castillo de arena en el centro de un huracán.

-La bruja- Aunque este relato poco tiene que ver en argumento con el anterior, sí que comparten tono y extensión, siendo ambos cuentos largos que juegan mucho con una situación siniestra, inquietante, repleta de mal rollo y con grandes dosis de mala baba. En este caso, tenemos a una bruja que parece divertirse a costa de asustar al protagonista, ¿o hay algo más? Tendréis que descubrirlo vosotros mismos.

-Windigo- Otra de las grandes joyas de la corona de "Montaña rusa", y sí, van unas cuantas a estas alturas del libro, algo que no debería extrañaros si recordáis todo lo que he dicho sobre el autor antes de comenzar a desgranar todos y cada uno de los relatos. Si conocéis el mito del wendigo, poco tengo que contaros al respecto, pero si no, dejadme que os diga que estamos ante una de las leyendas clásicas de terror más populares e impactantes no sólo del llamado nuevo continente, sino de la historia en general. Situada casi siempre en Canadá, la leyenda del Wendigo nos cuenta, en líneas generales y sin entrar en detalles que cambian de una voz a otra, cómo los hombres que se alimentan de otros acaban transformados en horribles monstruos devoradores de carne humana. Algo así ocurre en el relato de Fernando López Guisado, aunque con unos cuantos cambios que lo convierten en uno de los cinco mejores de toda la antología. Atentos, porque la leyenda del Wendigo ha sido tan atractiva para los escritores de terror, que incluso el propio Stephen King dio su versión de ella en la sobresaliente novela "Cementerio de animales". Ahora es el turno del autor de "Montaña rusa", y no defrauda, no.

-Nuevo amor- Otro microrrelato, quizá demasiado cercano al anterior, para mi gusto, aunque me ha gustado más que ese, todo hay que decirlo. El autor se reafirma en el tema de los sentimientos, el corazón y, en general, el amor. Hay que reconocer lo curioso que es encontrar en el libro un humor tan macabro que parece salido de la imaginación del Guardián de la Cripta de "Historias de la cripta" y luego historias de lo más románticas, sin entrar en la novela de éste género, claro. Este cuento es un buen ejemplo de ello, mostrándonos que hay que tener cuidado con los nuevos amores, en especial, si venimos de uno muy grande. Quizás escondan algo.

-Montaña rusa- Llegamos al fin al relato que da título a la antología, algo que como lector me gusta, pero que como escritor prefiero no llevar a cabo. Eso no quiere decir que la elección de Fernando López Guisado haya sido mala, y no, no existe ningún "pero" a continuación, salvo en el aspecto de que, personalmente, hubiera elegido otro cuento como nombre de la obra. "Montaña rusa", la historia corta, es buena, muy buena, en realidad, y ni siquiera toca el terror como otras, sino más bien una mezcla de suspense, horror y terror que funciona bastante bien. Sin embargo, y siendo una opinión meramente particular, otros relatos me han gustado mucho más, por lo que yo los elegiría antes que "Montaña rusa" para dar nombre al libro. Y aun así, ¿acaso no es un título bastante efectivo para una antología que es un continuo subir y bajar de emociones? Al igual que el presente cuento, claro. El debate está abierto, si es que hay alguno, en realidad.

-Vacas- Volvemos a la ciencia-ficción con uno de los cuentos más extensos del volumen, y sin duda, el mejor en cuanto a este género. Psicoanálisis, filosofía y numerosos ecos a "Blade Runner", esos conceptos y muchos más son los que dan vida al presente relato, otro de mis favoritos, otro de los mejores de todo el libro. Me gustaría contaros algo más de él, pero como sucede con el formato de la narración breve, revelar cualquier detalle sería dar demasiadas pistas, y alguna de ellas podría estropear la grata experiencia de la lectura, sobre todo, en este caso. Otra de las grandes creaciones literarias de Fernando López Guisado.

-Princesita de cuento- Uno de los relatos más largos del libro que más sensaciones encontradas me han dejado. En principio, me ha gustado, y no poco, sobre todo, porque va de menos a más, mostrándonos todo lo que es capaz de hacer el autor con las palabras, sin menospreciar una historia bastante interesante, que abandona un poco el terror que impregna la mayor parte de la antología para adentrarse en zonas sórdidas más relacionadas con el suspense. Pese a todos sus aciertos, en ocasiones, el desarrollo de la trama principal parece resentirse, ¿o quizás es que es uno de esos relatos que da la sensación de que no casan con el resto? Tendría que darle una relectura para comprender mejor qué es lo que me ocurre con él.

-PariZ- Por el título estoy seguro de que ya os oléis la tostada, ¿verdad? Exacto. Cuento de zombis el que tenemos entre manos, aunque uno muy, muy corto, regresando a los terrenos del microrrelato. No es un mal cuento, ni de lejos, y cada frase es oro puro, pero me da la sensación de que si no estuviera situado delante del relato que paso a reseñar ahora, estaría mejor considerado en mi cómputo final de la antología. Atentos, porque si la presente historia pone bastante alto el nivel con respecto a las narraciones Z del libro, la siguiente toca el cielo, lo abre en canal y se dirige al espacio exterior. Estáis avisados.

-Repostería americana- ¡Más zombis! Y de los mejores. Fernando López Guisado escribe un cuento, no de los más cortos de la recopilación, que demuestra que aún se pueden hacer cosas interesantes con el subgénero de zombis. Da igual que nos refiramos a argumentos ya manidos tratados de forma diferente por tal o cual autor, o por temas originales aún no mezclados con le podredumbre de los muertos vivientes. Nuestro poeta macabro nos regala un cuento digno de encabezar una antología propia sobre el subgénero Z, que es evidente que le encanta, porque ya hemos tenido unas cuantas muestras de ello en "Montaña rusa". Pero, sin duda, ésta es la mejor. Una delicia... y nunca mejor dicho.

-Ascenso- Aquí tenemos uno de mis pecados personales de la antología, en especial, si echamos un vistazo a muchas de las reseñas que han ido apareciendo del libro, y observamos que no es que sea uno de los relatos más destacados. Pues para mí sí que lo es. Terror y suspense se dan la mano durante lo que parece una normal y corriente entrevista de trabajo en la que se juegan el futuro un maduro hombre de negocios y una chica joven con ideas algo hippies. Atentos a la resolución, porque no tiene desperdicio, aunque menos lo tienen la increíble cantidad de tensión  que el autor consigue impartir a una situación tan cotidiana. Impresionante.

-La imagen- Microrrelato muy, muy micro, quizás el más corto de todos los micros que contiene la antología. Y lo cierto es que es uno de los más efectivos. Fernando López Guisado vuelve a jugar con conceptos ya muy tocados por el género fantástico, en este caso, con el tema de los dobles malvados y siniestros que provienen de otras dimensiones, en algunas ocasiones, de los espejos, objetos que también dan para una larga lista de historias de terror. Narración breve pero muy impactante, de esas que se recuerdan una vez las acabas.

-Santa Claus is coming to town- Aunque no tenemos aquí un microrrelato, sí que es una narración bastante breve, y que deja con muchas, muchas ganas de más. ¿Por qué? Bueno, porque estamos ante una de esas historias con las que es fácil pedir más y más y más. A mí me ha encantado, y no voy a esconder que me parece perfecta de principio a fin, siendo la idea principal una terrorífica brutalidad que consigue que uno quiera leer una novela donde no se repita sin descanso la estructura del cuento, pero sí se alargue de una forma aprovechable, tal y como sabe hacerlo el autor. Una pasada de relato, os lo aseguro. Y en todos los sentidos.

-Ocho patas- Hay que reconocer que estamos ante uno de los relatos que más fusionan el lado poético y narrativo de Fernando López Guisado. No es que los demás estén peor escritos, pero sí es cierto que el autor pone especial cuidado en éste para crear párrafos melodiosos, exquisitos y que, prácticamente, podrían formar parte de uno de sus muchos y profundos poemas. Sin embargo, a pesar de que me ha encantado la manera en la que cada párrafo parece estar cincelado para ser una pequeña obra de arte, la historia no ha llegado. Tiene sus momentos, pero admito y confieso que es uno de los cuentos que menos me han gustado de "Montaña rusa". Poco quiere decir eso, ante la alta calidad del libro, claro.

-Claxon- Uno de los cuentos más sorprendentes de la obra. Tirando a intenciones de novela corta, centrado en un género que, personalmente, nunca hubiera pensado que me atrapara como lo ha hecho este relato: el bélico. Supongo que todo depende de dar en la tecla adecuada, y el autor ha sabido hacerlo a las mil maravillas con una historia que tiene mucho de terror, pero nada de sobrenatural. O casi. Porque aquí lo que da miedo no es un vampiro, un demonio, un alienígena, una criatura de los bosques o una abominación creada genéticamente, sino un hidroavión llamado Zapatones que parece más una leyenda urbana, un fantasma, que un enemigo real. A pesar de llegar a ser repetitivo en mis conclusiones, debo insistir en que estamos ante otro de los mejores cuentos "Montaña rusa", y una pequeña joya literaria. Pequeña en extensión (y casi ni eso), pero grande en calidad. Muy, muy, muy grande. ¿Le pedimos al autor otra novela al respecto?

-Insomnio- Nos vamos acercando al final, al sorprendente final de la antología, y por supuesto no puede faltar aquí un microrrelato, uno tan interesante como los precedentes, aunque no de los mejores de la obra, la verdad. O es lo que a mí me ha parecido, claro. De nuevo, el lector dentro de mí se enfrenta a mi lado escritor; el primero, ha disfrutado del relato, pero el segundo, lo hubiera intercambiado por alguno de los micros de mayor calidad. Sobre gustos no hay nada escrito, ¿verdad? Pues éste cuento es un gran ejemplo de ello.

-Tuétano- Último relato de "Montaña rusa", y como nos venía acostumbrando Fernando López Guisado hasta aquí, durante todo el libro, y para no cambiar de dirección, gran sorpresa la que nos prepara, una muy especial para éste su último cuento de la obra, y muy apropiado es llamarlo cuento, por cierto. Estamos ante la única historia infantil del libro, y sí, habéis leído bien: infantil. El autor, demostrando que no se le resiste ningún género ni ningún formato, mezcla todo su humor macabro, todo su tono siniestro repleto de inquietud y mal rollo con aventuras propias de unos dibujos animados y novelas dirigidas a los más jóvenes de la casa, sin que por ello no puedan disfrutarlas los más grandes. Fernando López Guisado nos regala una verdadera delicia de texto, en todos los sentidos (es un ejemplo de cómo escribir el cambio que da con su prosa para adecuar la historia para los lectores de menor edad), gracias al relato protagonizado por el aventurero Tuétano, un esqueleto reanimado que sirve de maravilloso broche final para "Montaña rusa", una de las mejores lecturas a las que he hecho frente en los últimos años. Y eso es mucho, os lo aseguro.


Nota: 9/10


jueves, 31 de mayo de 2018

Novedades comiqueras: Colección Integral Ibáñez


Antes de ahondar en la novedad comiquera de hoy, bastante especial y distinta a las que cuelgo normalmente en esta cueva, me gustaría ofreceros un prólogo sobre el tema. Tranquilos, que intentaré que no sea demasiado largo, y mucho menos pesado, pero bastante explicativo acerca del tipo de novedad que hoy os traigo, una presentada de tal manera que, sinceramente, da gusto tenerla en nuestras estanterías, en especial, si uno se ha criado con los personajes que la protagonizan. Tenemos entre manos un coleccionabe bueno, bonito y a un precio ajustadísimo, un coleccionable que no sólo nos trae a mortadelos y filemones, sino a una multitud casi inabarcable de personajes creados por esa leyenda viva del cómic nacional (o del tebeo, término a reivindicar con gran orgullo) que es Francisco Ibáñez (Rompetechos, El botones Sacarino), autor que se merece unos cuantos ensayos no sólo sobre su carrera, sino sobre su interesante vida. Como si Ediciones Salvat también lo supiera, y después de varios coleccionables que han girado alrededor de la obra de Ibáñez, en especial de sus personajes más famosos, los agentes de la TIA Mortadelo y Filemón, ahora nos llega un coleccionable integral de toda la obra de Ibáñez, lo que incluye no sólo algunas de las aventuras más importantes de los dos agentes secretos más torpes y catastróficos del universo, sino también de otros tan descacharrantes como Pepe Gotera y Otilio, Tete Cohete, los vecinos de 13 rue del Percebe y, entre muchos otros, la familia Trapisonda. Esa es sólo una de las mejores señas características de este coleccionable titulado "Colección Integral Ibáñez", tan necesaria como indispensable, tanto para los fans del autor como para aquellos que quieran adentrarse en un guionista y dibujante que lleva enriqueciendo infancias durante las dos últimas generaciones... y un par más, si se me apura. Pero, como os decía antes, para adentrarnos en lo que da de sí un coleccionable del que ya tenemos en la calle varios tomos, nada mejor que ponernos en situación, especialmente, en lo referente al presente blog, donde somos muy aficionados a los coleccionables de kiosco, y sí, también al cómic español.

Para empezar, nada mejor que reconocer que desde siempre me han encantado los coleccionables. De todo tipo, la verdad. En especial, esos coleccionables de kiosco que surgen en épocas del año muy concretas, en septiembre por ejemplo, acompañados de continuos y repetitivos anuncios sobre sus primeras entregas, sí, esas que salen a precios tan apetecibles que no sería de extrañar que existieran personas que coleccionaran primeras entregas de coleccionables, valga la redundancia. ¡Y lo que molaría hablar de esa gente! Tampoco hago ascos a otro tipo de coleccionables, pero los relacionados con los kioscos suelen ser tan originales e interesantes que es complicado que otros distribuidos y lanzados de otras maneras puedan competir con ellos. Recuerdo, no sin toneladas de cariño, cómo mis padres, siendo un crío, me hacían coleccionables como ese de dinosaurios en los que cada fascículo iba acompañado de un pedazo de la anatomía de un T-Rex que quedaba alucinante cuando se acababa el coleccionable. Recuerdo que ese sí llegué a terminarlo, aunque no el coleccionable de bichos que salió a la par, o ese que conllevaba la construcción de un estupendo barco pirata que se me quedó a medias. Echando la vista todavía más atrás, es fácil descubrir mi afición a los coleccionables si tenemos en cuenta que mi madre no se cortaba un pelo a la hora de hacer aquellos que trataban de temas que le encantaban, como ese sobre Egipto en el que cada fascículo venía acompañado por diferentes bustos, figuras y réplicas de jarrones de tan interesante época histórica. Coleccionables de películas de terror (tanto en VHS como en DVD), del cuerpo humano, de costura, de videojuegos de ordenador, de música, de juegos de mesa, de ajedrez (aquel del de "Dragon Ball" era alucinante) y un largo etcétera que daría para un ensayo bastante extenso, y eso sólo para hablar de aquellos coleccionables que han entrado en mi vida, directa e indirectamente. Sin embargo, los coleccionables donde los fascículos y los "objetos" de colección se entremezclaban no han sido los únicos a los que me he enganchado durante mis poco más de treinta años de existencia (mientras escribo esto), siendo otros coleccionables los que aún me han ido llamando más la atención, que ya es decir. Hablo de los coleccionables de libros y cómics.

No os hablaré de un magnífico coleccionable que recopilaba algunos de los mejores títulos infantiles y juveniles de Barco de Vapor. Tampoco ahondaré en ese coleccionable de bolsilibros de terror que, desgraciadamente, duró sólo dos entregas, y que cada una de ellas llevaba la dramatización sonora de la obra corta en cuestión. Aunque podría, y muchas ganas que me entran, también se da el caso de tener la oportunidad de nombrar coleccionables literarios tan maravillosos como los dedicados al cine de terror mediante fascículos que podían reunirse luego en tapas duras que ofrecía el mismo coleccionable una vez pasadas un número concreto de entregas, o aquellos más recientes, como por ejemplo, el dedicado a la bibliografía completa de Julio Verne (Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la Tierra), ese de la mitología griega en libros narrados como si de pequeñas novelas se tratasen, o los dedicados a autores como Alfred Hitchcock (Psicosis, Vértigo), Agatha Christie (Muerte en el Nilo, Asesinato en el Orient Express), o a temas como la psicología desde sus inicios hasta la época moderna. Los temas que he seguido gracias a coleccionables literarios son casi infinitos, pero si tengo que señalar los que más me han impactado, a nivel personal e incluso profesional, son dos los que destacan por encima del resto: el coleccionable de lomos dorados de la obra de Stephen King (El misterio de Salem´s Lot, El pasillo de la muerte) y el primer coleccionable de la Patrulla-X, surgido a raíz de la aparición de "X-Men", la primera película en imagen real de los famosos mutantes de Marvel. Lo curioso es que parece que no sólo me marcaron a mí, sino a toda una generación por diferentes motivos. En el caso del coleccionable de King, parece que no fuimos pocos los que picamos con él, y gracias a su lectura, nos iniciamos en el soberbio universo literario del de Maine; y por la parte que le toca al coleccionable de los X-Men, da la sensación de que no son pocos los lectores actuales, auténticos veteranos del mundo de las viñetas, que empezaron a leer cómics gracias a él, o al menos, comenzaron a sumergirse en la mitología del homo superior. Y no es extraño, si tenemos en cuenta el material que comprendía ese coleccionable.

Para ir por orden, y centrándome en el coleccionable de King, tenemos uno de los pocos coleccionables del Rey que han llegado a nuestro país. Además de ese, años después se hizo una especie de revival del mismo, que fue completado no mucho más tarde por otro coleccionable, diferente en edición, pero no en intenciones, aunque lanzado por RBA, en vez de por Orbis Fabbri. Compartían que ambos eran en tapa dura, precios muy ajustados y que recorrían prácticamente toda la bibliografía del de Maine desde sus inicios, eso sí, llegando más lejos el coleccionable de RBA por motivos lógicos al haber sido lanzado mucho después, cuando King ya contaba en su haber con unas cuantas novelas y antologías más que cuando Orbis se presentó para darnos un coleccionable que es ya mítico para los fans del escritor, sobre todo, para aquellos que coleccionan todas las diferentes ediciones de sus obras, siendo estos tomos de lomo dorado muy, muy populares en las librerías de segunda mano. Recuerdo que tenía entre diez y once años cuando mis padres me compraron el primer número, el que traía "Misery", una de las mejores novelas del de Maine, siendo la primera que devoré del autor después de haber visto docenas de las adaptaciones cinematográficas de sus creaciones literarias sin saber exactamente quién era ese Stephen King que solía aparecer al principio de los créditos. Aunque pude hacerme con un buen montón de entregas del coleccionable, lamentablemente, mi pequeña paga no me daba para continuarlo con la regularidad con la que me hubiera gustado, sin olvidar que antes los coleccionables eran más complicados de seguir, sin mencionar que lo de recuperar números atrasados, hace más de veinte años, era una tarea dificil, en el mejor de los sentidos. Ahora, todo es entrar en Internet, acceder a la página de la editorial, empresa o distribuidora encargada de lanzar el coleccionable en cuestión, y realizar el pedido. Así de sencillo. Los dioses nuevos y antiguos bendigan las maravillas y comodidades de la vida moderna.

El magnífico coleccionable de Stephen King me descubrió a un escritor al que desde entonces he seguido con auténtico fanatismo, como lector, primero, y como escritor, después. Ese coleccionable es directamente culpable de que me enamorase de la literatura de terror, de que desde entonces quisiera escribir mis propias historias para no dormir, pues fue el Rey quien consiguió todo eso, y sin ese coleccionable es bastante probable que o bien nunca hubiera alcanzado tales metas, o bien hubiese tardado mucho más en llegar a ellas. Con el coleccionable de la Patrulla-X, publicado por  Planeta DeAgostini, no ocurrió lo mismo, ya que por entonces llevaba bastantes años sumido en la fiebre de los cómics, pero sí que me inicié no sólo en la buena costumbre de los coleccionables comiqueros, sino, de forma ordenada, en el universo de la Patrulla-X, con muchos de los mejores cómics publicados nunca con los personajes, dado que el coleccionable comprendía desde la segunda génesis del equipo hasta su aparente muerte, justo antes de que comenzara la etapa en la que el grupo se quedaba en Australia, cuando todo el planeta creía muertos a sus integrantes. Tenemos entre manos un coleccionable que ya es un clásico de los cómics de nuestro país, tanto por los sobresalientes títulos que se publicaron en él, como la forma de publicación, a precios muy populares y por abrir camino a los demás coleccionables comiqueros que vinieron después, que no han sido pocos, instaurando además una especie de tradición que se ha visto rota con el tiempo, la de lanzar coleccionables comiqueros justo con estrenos cinematográficos basados en cómics, sobre todo, de superhéroes. Con el éxito de este coleccionable, que sí que completé, habiendo incluso suscrito a él, no tardaron en aparecer coleccionables similares, también en tapa blanda y en un tamaño superior al de los cómics de grapa y tomos básicos. El siguiente, si no me falla la memoria, fue uno dedicado a Spiderman cuando se estrenó "Spider-Man" de Sam Raimi (Posesión Infernal, Darkman), un coleccionable con una etapa no tan buena como la que nos ofreció el de los X-Men, pero perfecto para completar nuestra colección del trepamuros, con aventuras de entre los 70 y los 80, como si Planeta DeAgostini hubiera sabido conectar a la perfección la etapa de John Romita Sr. (Daredevil, Los Vengadores) con este coleccionable.

En 2003 se estrenó "X-Men 2", y esta vez el plan de Planeta fue más ambiciosa, ofreciéndonos unos bonitos tomos con la saga al completo de "La era del Apocalipsis", curiosamente, una historia que hubiera casado más con la salida en los cines de "X-Men: Apocalipsis". Por si fuera poco, el estreno del "Hulk" de Ang Lee (Tigre y Dragón, La vida de Pi) propició la aparición de un coleccionable centrado en el personaje, de nuevo, con algunas de sus mejores etapas, y con un formato que aunque seguía siendo de tapa blanda, también lo era de menor tamaño que los anteriores. ¿Y cómo olvidar el espectacular coleccionable de Daredevil surgido a raíz del filme del personaje protagonizado ese mismo año por Ben Affleck (Dogma, Perdida)? Con toda la etapa de Frank Miller (Sin City, 300), incluyendo la obra maestra "Born Again", así como la primera aparición de Elektra y el duro enfrentamiento entre el Diablo Guardián y Kingpin, sin que faltaran las diferentes apariciones del psicópata Bullseye. Si el 2003 fue un año completísimo en cuanto a coleccionables comiqueros, 2004 no se quedó atrás con el estreno en cines de la magistral "Spider-Man 2" y la más que correcta "El Castigador: The Punisher". Mientras que el nuevo coleccionable de Spiderman continuaba el anterior, adentrandose en las historias del trepamuros de finales de los 80 (creación de Veneno incluida) y principios de los 90, recuperando cómics que hacía años que no veíamos reeditados en España, el de Punisher, mucho más corto en fascículos que todos los anteriores, seguía el planning de ofrecer algunas de las mejores obras del personaje, en especial, de su etapa más clásica. "Los Cuatro Fantásticos", "Batman Begins", "Superman Returns", "El Caballero Oscuro" y "Los Cuatro Fantásticos y Silver Surfer", entre otros filmes comiqueros, llevaron a los kioscos y librerías especializadas una cantidad ingente y espectacular de coleccionables con los que completar algunas de las mejores etapas de los personajes, al menos, para los veteranos, siendo perfectas también para los que se acercaban por primera vez a ellos. Con el tiempo, este tipo de coleccionables cambiaron, se hicieron menos habituales ante la aparición de películas que cada vez más proliferaban por la gran pantalla, y pasaron a las tapas duras de historias autoconclusivas, en la mayoría de casos, en vez de completar etapas enteras, salvo pequeñas excepciones.

Precisamente, Salvat, quien nos ofrece este genial coleccionable de Francisco Ibáñez, está publicando estos meses un coleccionable bastante completo de Spiderman, reuniendo en cada tomo historias muy concretas del personaje, tanto clásicas como modernas, trayéndonos obras que permanecían inéditas en nuestro país desde hace bastantes años, lo cual es una oportunidad de oro para hacernos con ellas si somos coleccionistas acérrimos del trepamuros, e igual de buena si nos falta alguna aventura concreta del personaje o queremos sumergirnos en su mundo con un compendio inimitable de sus mejores obras. Y lo curioso es que este excelente coleccionable de Ibáñez sigue el mismo camino que el de Spiderman, tanto en formato como en intenciones, aunque con una diferencia bastante notable. De cómics internacionales hemos tenido muchos, muchos coleccionables, muchas veces, repitiendo incluso material, como bien indican los coleccionables de DC, pero de cómics españoles la cosa no ha sido tan generosa, yéndose las editoriales siempre a por Ibáñez, siempre a por Mortadelo y Filemón, dejando de lado otras creaciones del autor, y no digamos ya cómics igual de míticos para nuestra industria como "Superlópez", "Zipi y Zape" y algunos más modernos como "Pafman", siendo quien esto os escribe muy fan de dichos personajes, y muchos otros que bien merecerían un coleccionable como este de Salvat acerca de Ibáñez. Esperemos que lo bien que lo están haciendo con él invite a que se venda lo mejor posible, y que eso signifique que puedan darle una oportunidad a algunos de los cómics nacionales anteriormente mencionados. Se acerca una película de Superlópez. No digo nada... y lo digo todo.


sábado, 26 de mayo de 2018

Reseñas literarias: El Ritual


Ficha Técnica

Título original: The Ritual
Autor: Adam Nevill
Portada: 
Género: Terror
Nacionalidad: Reino Unido
Formato: Rústica
Nº de páginas: 416
Editorial: Minotauro
Publicación: 2012


Sinopsis:
Cuatro antiguos amigos se reúnen para después de años de separación para una maravillosa excursión a las solitarias regiones boscosas del Círculo Ártico escandinavo, descubriendo conforme pasan los días que la vida les ha llevado por caminos diferentes, exponiendo las evidentes diferencias que los han dividido con el tiempo, en especial, a Luke, quien se siente más alejado que nunca del resto. Poco a poco, y tras tomar un atajo para alcanzar pronto su destino, se dan cuenta de que acaban de perderse, lo que empieza a erosionar el grupo, tanto por la falta de comida y agua como por las fuertes desavenencias que surgen entre ellos. Sin embargo, como si encontrarse solos, asustados, perdidos y rabioso no fuera suficiente, no tardan en toparse con reminiscencias de antiguos ritos paganos a una deidad que es más real de lo que piensan en un principio, una criatura que les acecha desde el primer paso que dieron en su bosque. El grupo no sólo deberá arrastrarse por los oscuros senderos del mar de árboles para sobrevivir a los elementos y a la terrible situación en la que se halla, sino para evitar las alargadas zarpas de la pesadilla viviente que vigila de cerca, una entidad primigenia y antigua como el mismo tiempo.


Reseña:
Stephen King (Cujo, Joyland) es el primer nombre que, seguramente, le venga a la cabeza a cualquier lector de terror moderno. Sí, tenemos a los clásicos Edgar Allan Poe (El Cuervo, La máscara de la muerte roja) y H. P. Lovecraft (En las montañas de la locura, El que susurra en la oscuridad), pero si entramos en los terrenos de los últimos años, parece mentira que sólo se nos ocurra el nombre del de Maine a la hora de hablar de terror literario. Aunque no es cierto del todo, ¿verdad? Sí. Ir a por King es lo fácil, claro. Si un lector pregunta por un autor de terror, lo sencillo es mencionar al Rey y punto. Sin embargo, ¿y si queremos ir más allá? Por supuesto, tratándose éste de un blog donde mencionamos a muchos escritores nacionales de género, seguro que de preguntarme a mí, o de pasearos por las entradas del presente espacio de internet, encontraréis unos cuantos nombres de interesantes contadores de historias que nada tienen que envidiar a los internacionales. Dejemoslos para otra ocasión, porque lo que de verdad nos interesa para comenzar a hablar del libro que vengo a reseñaros hoy, es ese grupito de autores de terror que nos llegan de fuera. Al fin y al cabo, a pesar de que en España lo sencillo sea nombrar a Stephen King como mejor ejemplo de escritor moderno de género, fuera de nuestras fronteras la lista de habituales es un poco más larga, perfecta para aquellos que o bien están hastiados de nuestro querido Steve, o bien desean completar las obras del Rey con la de sus compañeros de pesadillas.

Es cuanto menos curioso que los dos primeros nombres que pueden surgir en una conversación así sean los de Clive Barker (El corazón condenado, Cabal) y Joe Hill (Fantasmas, Cuernos). Resulta curioso porque en el primero hallamos a un gran amigo de King, llegando éste a apadrinarle en más de una ocasión, sobre todo, a la hora de recomendar sus libros; por otro lado, el segundo, es uno de los hijos del de Maine, concretamente, el que ha tenido más éxito a la hora de ponerse a juntar letras, letras de género como su padre, y tan buenas que muchos ya le consideran el siguiente rey, y no sólo el príncipe que viene a pasearse fugazmente por el terror y la fantasía. Por supuesto, podemos seguir dando nombres, como los del tristemente fallecido Jack Ketchum (Al otro lado del río, La chica de al lado) y el genial Ramsey Campbell (Turno de noche, Influencia), pero el problema reside que en España no han pegado con tanta fuerza como los de King, Hill y Barker, e incluso si hablamos del hijo del Rey, habría ir con cuidado, porque empieza a tener títulos descatalogados en nuestro país, y no son precisamente rumores los que apuntan a que no es de esos autores que venden bien. Sigo hablando de España, claro, donde de Ketchum apenas nos han llegado cuatro libros (y estoy siendo amable), de Campbell nos falta una ingente cantidad de su bibliografía y de muchos otros mejor ni hablar. Bueno, de uno de ellos, sí. Teniendo en cuenta que "El Ritual" pertenece a uno de esos escritores de terror maltratados en nuestro país y muy, muy populares y reconocidos fuera, sí que hay que mencionar a uno de ellos. Hablo del sobresaliente Adam Nevill.

A día de hoy, y si no me equivoco, Nevill, escritor dedicado principalmente al terror, cuenta en su bibliografía con casi diez novelas de terror y tres colecciones de cuentos, sin olvidar la gran cantidad de relatos que pululan por antologías en las que ha participado. A día de hoy, y si no me equivoco, en España sólo se han publicado tres libros de Adam Nevill. Tres. Sí, no estáis leyendo mal. Tres. Igual me dejo alguno por ahí al no tenerlo en cuenta por ser de otra editorial, que me perdone ésta y que me perdone el bueno de Adam (un tío majísimo, como puede demostrar su trato con compañeros de profesión y lectores por las redes sociales), pero en principio sólo tendríamos tres, y publicadas todas por Minotauro, a quien hay que darle eternas gracias por poner a nuestro alcance a uno de los mejores escritores de terror de los últimos años. "Apartamento 16", "El Ritual" y "El fin de los días" son las obras de Nevill que Minotauro publicó en su día, y que hoy, aunque no son imposibles de conseguir, sí que se pueden encontrar a precios bastante prohibitivos en el mercado de la segunda mano. Curiosamente, hablamos de tres de los mejores trabajos literarios del autor, lo cual es decir mucho si tenemos en cuenta que lo que escribe Nevill es como la pizza, que incluso siendo flojo, es bueno, muy bueno, como bien demuestran estos tres libros tan diferentes entre sí. Y sin embargo, sí que poseen puntos en común más allá de pertenecer al universo del mismo escritor y contar con su característica prosa, como por ejemplo, el tratamiento que hace Nevill de temas que le interesan bastante, y ese terror, entre psicológico y físico, que tanto le gusta mostrarnos en sus páginas. Desde ya, si sois amantes del género, os recomiendo encarecidamente que os hagáis con los tres títulos, porque son verdaderas joyas, en especial, a la hora de dar miedo e inquietar. Pero hoy nos vamos a detener en "El Ritual", una de las obras por las que Nevill es popular, uno de sus libros más reconocidos y uno de esos títulos que bien merece una relectura de cuando en cuando. Admito que la mía ha llegado tras visionar la adaptación cinematográfica que ha tenido el libro, emitida en Netflix y que cumple con creces, como película de terror y como adaptación del material original, añadiéndole jugosos cambios para que no veamos un copia plano a plano de los párrafos escritos. Tanto me ha gustado la producción, que en cuanto la acabé me fui directo a por la novela, que en su día devoré gracias a la genial edición de Minotauro.

En realidad, el argumento principal de "El Ritual" no puede ser más sencillo, que no simple. Tenemos a cuatro antiguos amigos que se reúnen para recuperar esos lazos rotos tiempo atrás, siendo el escenario de tal encuentro la excursión a unos bosques que se van haciendo más antiguos conforme avanzan en ellos, sobre todo, al coger un atajo con el que pretenden acortar el camino dispuesto. Sin embargo, no tardan en perderse, y a la creciente falta de comida y bebida se le une la presencia de lo que parece ser una extraña y misteriosa criatura que primero juega con ellos antes de atacarles cuando menos lo esperan. Y hasta aquí puedo contar sin reventaros la historia, en especial, porque llegados a cierto punto de la misma, el tono cambia casi por completo, pasando a ser... otra cosa. Vale, seguimos hablando de supervivencia para nuestros protagonistas, pero con numerosos matices que convierten el tercer acto del libro (aunque dé la impresión de que son dos) en algo que chocó bastante a muchos lectores en su momento. Sin embargo, hasta que alcanzamos esas páginas, lo que tenemos entre manos es una novela de monstruos en toda regla, el equivalente a una "monster movie" en formato literario, pero de nuevo con una enorme cantidad de distinciones que la hacen muy diferente a este tipo de producciones. En pocas palabras, Adam Nevill no se queda sólo en el simple relato de terror del enfrentamiento típico entre protagonistas humanos contra una criatura sobrenatural (o no) en un entorno agresivo hacia los primeros, sino que va más allá en multitud de sentidos. Sí, "El Ritual" tiene un "monstruo", tiene terror, tiene cuatro amigos acosados por la criatura, tiene muertos, tiene escenas tan grotescas como sangrientas, tiene luchas por la supervivencia, pero también mucho, mucho más.

No es malo escribir terror por terror, o lo que es lo mismo, no es malo escribir un cuento o una novela de terror que sólo bosque entretener, sin ningún otro objetivo. Al contrario, pues es una tarea sincera, y siempre viene bien desconectar con historias que sólo nos quieren hacer pasar buenos ratos sin complicarnos demasiado la existencia, o malos ratos, en este caso. Sin embargo, y aunque Nevill es bien capaz de ofrecernos este tipo de narraciones, "El Ritual" no es una de ellas, siendo al final más profunda de lo que podría parecer por su acertada y atractiva sinopsis. Igual que el libro contiene tres actos más o menos diferenciados, también posee dos líneas argumentales que son más sencillas de distinguir, convergiendo cada vez más ambas conforme pasamos las páginas. Por un lado, tenemos toda la parte de terror, es decir, el acecho al que son sometidos los protagonistas por la monstruosa presencia cuya identidad vamos descubriendo poco a poco, sin prisa pero sin pausa, sin que en ningún momento dejemos de recibir información, aunque sin que el autor nos los desvele todo antes de tiempo, siendo en el último acto, poco antes de ese emocionante y terrorífico enfrentamiento final, donde conseguimos todas las explicaciones pertinentes acerca de la presencia y el "resto" de lo que no os puedo hablar en la presente reseña, a pesar de que nos encontramos con una obra que ostenta ya unos muy bien llevados seis años, siete si hablamos de su lanzamiento en Reino Unido. No es que la otra cara de la novela no contenga terror, porque sí que se encuentra ahí, y en dosis más "realistas" e incluso duras a nivel psicológico, pero es evidente que Nevill ha querido ponerse profundo por medio de los cuatro personajes principales. Y vaya si lo consigue. Con creces, además.

Si el autor usa a su monstruo para hablar de lo viejo y lo nuevo, del mundo de antes y del de ahora, de las cosas que se deslizan por la oscuridad y que llevan sobreviviendo a la evolución del mundo desde hace miles y miles de años, para meternos en otros temas igual de interesantes utiliza a los cuatro amigos que se reúnen después de un buen tiempo sin verse, para recuperar una amistad que es evidente que ya no existe, en especial, si nos centramos en Luke el ¿protagonista? de "El Ritual". Gracias a los cuatro hombres, Nevill también nos habla del antes y el después, de lo viejo y lo nuevo, pero desde otro punto de vista, ahondando, profundizando en la personalidad de todos y cada uno de los cuatro protagonistas, y a partir de ahí, sumergiéndonos en lo que significa pertenecer a la sociedad moderna, donde las contradicciones alrededor de nuestras relaciones sociales y nuestro lugar en el mundo están a la orden del día. Ahí tenemos a Luke, que se siente totalmente desubicado, no sólo con respecto a sus "amigos", sino con respecto a la sociedad en general, sintiendo envidia, al mismo tiempo, de la vida que llevan los otros tres protagonistas, hombres de familia supuestamente felices, con todo lo que siempre habían deseado. A ellos les pasa algo parecido con Luke, aunque, a la vez, no sienten envidia, entrando los cuatro en un bucle de incoherencias, tan humanas como reales y verosímiles, donde tres envidian al cuarto en discordia, éste los envidia a ellos y, a la vez, ninguno desea la vida del otro en realidad. Nevill juega así con los sentimientos que inundan a la gente corriente en la vida real, creando así personajes con los que bien podríamos sentirnos identificados, que bien podrían ser nuestros vecinos, amigos, compañeros de trabajo y familiares. Aunque los cuatro protagonistas están perfectamente desarrollados, es Luke quien sale ganando en todo momento, al que se le presta más atención y al que conocemos más de arriba abajo, siendo magnífico cómo empieza como una personal en apariencia normal, y cómo Nevill nos va descubriendo quién es en realidad, alguien frustrado con el mundo, con la sociedad, consigo mismo, con cualquiera que se le cruce, con incontrolables ataques de ira que no tarda en mostrar hacia sus supuestos amigos.

No me gustaría dejar de hablar de los protagonistas más allá de sus personalidades, porque la gran cantidad de detalles que el escritor aporta a su alrededor son dignos de mencionar. Por ejemplo, tenemos al frente de la novela a cuatro hombres normales y corrientes, también en físico, lo que quiere decir que eso de cruzar un bosque no les va a ser nada fácil. Se cansan, deben parar a recuperar el aliento, les cuesta mantener el ritmo, las mochilas les pesan y los kilos de más que les han regalado sus vidas sedentarias no son precisamente lo mejor para una excursión que ya de por sí resulta complicada para los mejor preparados del grupo, como por ejemplo, Luke. Uno de los protagonistas no tarda en dañarse durante el trayecto, y es precisamente la furia de Luke la que aparece cuando no aguanta más que los esté retrasando. A esto hay que añadir que, como no podía ser de otra manera, el bosque y los elementos son tan enemigos de los personajes principales como la criatura que los persigue. Adam Nevill, una vez más, tiene en cuenta que una buena forma de aterrorizarnos es recordándonos que sus sobrenaturales historias ocurren en el mundo real, con reacciones reales por parte de sus personajes y el entorno que habitan. ¿Esto qué significa? Que el miedo, la incertidumbre, el frío, el hambre, la sed, el cansancio, la noche, el calor y la propia espesura, entre otros verosímiles conceptos, se enfrentan a los cuatro hombres, transformando en unas pocas páginas la idílica excursión en un verdadero infierno, y eso mucho antes de que aparezca el primer cadáver. Por supuesto, cuando eso ocurre, todo empeora, y no sólo por el hecho en sí, sino porque la presencia del bosque aumenta la cacería, además de las diferentes muestras que hallan en el bosque de que se trata de su hogar, en el que fue reverenciada hace mucho, mucho tiempo. Una cabaña siniestra, una macabra iglesia... Da la sensación de que cada vez que los protagonistas salen de la sartén, siempre caen en unas brasas todavía peores.

Me encantaría hablar de otros personajes que aparecen en la obra, pero entraría en esa parte que no puedo desvelar, una bastante polémica en su momento por, supuestamente, romper el tono que mantenía "El Ritual" hasta esas páginas. En realidad, aunque es cierto que es un cambio de rumbo bastante brusco, a mí me ha gustado. Insisto, es verdad que es ese toque lo que hacer perder un poco de genialidad a la novela, pero ni mucho menos es para romperse las vestiduras. Estamos ante un claro caso de "no es lo que esperaba", y de eso no tiene la culpa el autor, a no ser que haya dejado pistas sobre ello, y en este caso, pocas deja Nevill acerca de lo que va a ocurrir en el último tramo del libro. Eso sí, confieso que los cambios que este tercer acto ha sufrido en la adaptación cinematográfica me dejaron más contentos, no siendo así con todo el mundo, ni siquiera con los que se quejaban de la tercera parte de la obra. ¡No hay quién entienda a veces a los lectores! Pero si puedo seguir hablando de personajes sobre los que no penda la amenaza del spoiler, qué menos que mencionar al mismo bosque. Oscuro, profundo, antiguo, insondable, infinito, tenebroso, viviente, amenazador y asesino. El escritor no sólo nos describe el viejo bosque a la perfección, sino que lo convierte en un personaje más, yendo más allá del simple escenario donde se desarrolla el relato de terror, dando tantos y tantos detalles sobre él que se hace fácil imaginar cómo respira alrededor de los cuatro antiguos amigos mientras se sumergen en sus entrañas. Nevill no se deja en la cuneta ningún detalle al respecto, ayudado por una prosa sencilla cuando hace falta, y más enrevesada cuando la escena lo requiere, tanto a nivel de descripciones como de diálogos, aunque hay que reconocer que sabe inquietar al lector cuando se trata de formar escenarios a su alrededor. Los capítulos de "El Ritual" son cortos, una excelente manera de ir pasando páginas sin que apenas nos enteremos, lo cual ocurre también por lo adictivo que es todo lo que nos cuenta el autor.

En pocas palabras, e insistiendo en todo lo que comentaba al empezar la reseña, no sólo estamos ante una de las mejores obras de Adam Nevill, sino ante una de las mejores novelas de terror de los últimos años, demostración palpable de que hay vida, mucha vida, más allá de Stephen King. Vale, admito que no puedo ser muy objetivo al respecto. Me encanta la bibliografía de Nevill, me encanta el terror relacionado con escenarios tan interesantes como los bosques (comparables a inmensos océanos verdes donde la soledad del ser humano se hace palpable ante la inmensidad del agresivo y a la vez bello entorno que le rodea), me encanta la prosa del autor, me encanta el tema que rodea a la presencia que persigue al protagonista y, entre otros muchos aspectos positivos del libro, me encanta que sea una especie de versión literaria del excelente filme de género "El proyecto de la bruja de Blair". Todo funciona como un reloj excelentemente construido en "El Ritual", incluso cuando toma ese rumbo tan rompedor que tanto enfadó a muchos lectores. Al fin y al cabo, es un giro argumental que consigue sorprender, chocar y dejar al espectador literario con la boca bien abierta, sin saber muy bien por dónde irá la historia desde ese momento, si es que tenía alguna idea páginas antes, cosa que dudo bastante, teniendo en cuenta lo bien que Adam Nevill oculta sus cartas. "El Ritual" no habla sólo de monstruosas abominaciones en bosques oscuros, sino de supervivencia, de lo antiguo frente a lo nuevo, del mundo de antes frente al de ahora, de amistades rotas que quizá siempre lo estuvieron, de cómo funcionar en la sociedad actual, de las relaciones sociales, de nuestro lugar en el mundo, de lo maravillosos y peligrosos que pueden ser los bosques, de los parajes aún inexplorados en nuestro planeta, de la religión, de lo que nos mueve como seres humanos... El terror en sus diferentes facetas. Físico y psicológico. Pasar frío, miedo y hambre mientras nos encontramos perdidos en un paraje que desconocemos, junto a personas que odiamos, con la desesperanza mordiéndonos los tobillos antes de que una criatura desconocida haga lo mismo con el resto de nuestro cuerpo. Os hablo de "El Ritual". Si no os habéis perdido ya en él, hacedlo cuanto antes. No os arrepentiréis.


Nota: 9,5/10


sábado, 19 de mayo de 2018

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jueves, 17 de mayo de 2018

Novedades literarias: Drácula contra la Momia: Batalla por Chicago


Sí, sé lo que estáis pensando ahora mismo. ¿Esta entrada no la he visto antes por este blog? Sí y no. No y sí. Creo que el título de la novedad literaria que hoy os traigo ya os dice todo lo que debéis saber, o igual no. Al fin y al cabo, por mucho que haya cariñosos lectores que me consideren el Stephen King español, incluso después de diez libros en solitario (normalmente, el apelativo suele desaparecer a los dos o tres), ni siquiera me acerco a rozarle en fama y popularidad, así que es bastante probable que esté dando por hecho que sabéis de lo que hablo y quizá no sea así. Es más, ni siquiera debe ser así. Si os habéis acercado a este blog tras conocerme por alguna de mis últimas obras ("El que se esconde", "Las pesadillas de Stephen King" o "El Guardián del Miedo", sin mencionar las más nuevas), seguramente no sabréis que mi tercer libro publicado, mi segunda novela, fue una especie de blockbuster literario titulado "Drácula vs. la Momia: Batalla por Chicago". Fue en 2013 cuando se editó, poco después de mi querida "Cinco tumbas sin lápida", también por la fallecida editorial Tyrannosaurus Books (qué buenos principios nos dio; qué amargos últimos meses), y se presentó oficialmente en el prestigioso y espectacular Festival Celsius que se celebra todos los años en Avilés. Precisamente, tuve el honor de asistir a la presentación en sociedad del libro en la segunda edición de tal festival, volumen que abrió la colección conocida como "Monsters Unleashed", que duró unos cinco títulos, si mal no me falla la memoria. Esos son algunos de los detalles de la primera "Batalla por Chicago", pero ¿no hablamos ahora de la misma "Batalla por Chicago"? ¿O se supone que es la secuela? Porque la portada no es la misma, ¿verdad? ¿Estamos ante el mismo proceso que tuvo lugar con "Actos de Venganza" y "Actos de Venganza: Edición definitiva"? Sí y no. No y sí. De nuevo, toca explicarme, pero hagamos un poco de memoria antes de llegar a esta novedad literaria en concreto.

Mi primera publicación en solitario, "Actos de Venganza", una antología de terror y suspense, fue la que me ayudó a alcanzar "Cinco tumbas sin lápida". Después de presentarme a un par de convocatorias de relatos de zombis de las que saldrían varias antologías publicadas por Tyrannosaurus Books, sus editores se interesaron por mi trabajo, pidiéndome algo más largo que un cuento. Por entonces, no tenía ninguna novela, pero sí una recopilación de narraciones breves que preparaba para ir moviendo por diferentes editoriales. Lo cierto es que siempre he creído en ir paso a paso, en andar antes de correr, y de ahí mi predisposición para lanzarme en solitario al mundo editorial con una antología antes que con una novela. El proyecto se llamaba "Actos de Venganza", y estaba compuesto por once relatos donde el suspense y el terror se mezclaban en historias donde la venganza era la protagonista principal de las tramas principales. A pesar de ser un ávido lector de todo tipo de antologías, como escritor me atraía más la idea de llevar a cabo una recopilación de cuentos con un tema en común, y teniendo en cuenta todas las pequeñas historias que tenía que abordaban el tema de la venganza, el karma, el rencor y las cuentas por saldar, me fui directo a que mi primera publicación fuera "Actos de Venganza", además, con un claro homenaje comiquero en el título que sólo cazaron los amantes de las viñetas. A "Actos de Venganza" le costó arrancar entre la crítica y el público, no voy a engañaros, aunque levantó el suficiente interés entre ambos bandos y en los editores de Tyrannosaurus Books para que me siguieran pidiendo una novela. Y me puse a ello, con una idea muy clara: sería un más que evidente homenaje a la obra de mi adorado Stephen King (Cujo, Christine), aderezado con unos cuantos litros de oda a la saga cinematográfica "Evil Dead", dirigida por Sam Raimi (Terroríficamente Muertos, Darkman), uno de los genios del terror en el celuloide, y protagonizada por el cachondo, carismático y cercano Bruce Campbell (Spider-Man, Ash vs Evil Dead). "Cinco tumbas sin lápida" estaba a punto de nacer.

Tardé más tiempo en estructurar y corregir la novela que en escribirla, lo cual me llevó mes y medio. Cuando acabé, tenía lista la historia de George Campbell, un escritor de terror que decide volver a su pueblo natal para superar un terrible bloqueo del escritor que lleva sufriendo desde que asesinaron a su esposa. La cabaña familiar en la que vivían se convierte en el escenario de recuerdos y la resurrección de demonios interiores mucho más reales de lo que cree el escritor, que se verá envuelto en una pesadilla de muertos resucitados, sangre, asesinatos y violencia de la que no puedo hablaros más, ya que dentro de muy, muy poco saldrá a la calle su reedición con una editorial con la que tenía muchas, muchas ganas de trabajar. Teniendo en cuenta que "Cinco tumbas sin lápida" salió en 2013, hace ya cinco años, y que lleva descatalogada prácticamente más de tres, iba siendo hora de recuperarla para los nuevos lectores que llegan a mi obra por mis últimos títulos, lo mismo que os comentaba más arriba, por cierto. Además, mi intención, y la de la editorial, es la de sacar la secuela de "Cinco tumbas sin lápida" este mismo año, y ¿qué sentido tiene editar la segunda parte de un libro que nadie puede encontrar? Sí, los que se lo pillaron en su momento, y encima lo disfrutaron (doble mérito), seguro que no tendrán problemas en ir a por la secuela, pero quienes llegaron después y mucho más tarde es bastante probable que ni sepan que existe "Cinco tumbas sin lápida". En nuestros planes ya entra una tercera entrega, eso sí, si tiene éxito la segunda, así que por ahora pensemos nada más en la segunda parte, y en la obra que nos ocupa, por supuesto, con la que guarda no poca relación. Al fin y al cabo, mientras escribía "Batalla por Chicago", las ideas para una trilogía sobre monstruos clásicos enfrentándose entre sí, en tiempos donde la delincuencia era el pan de cada día, surgieron con facilidad alrededor de la historia original. Aunque, en este caso, también apareció la posibilidad de que esa trilogía acabara en una saga más larga, con una cuarta entrega que atase todos los cabos sueltos, e incluso una "segunda trilogía" que continuara con los personajes que permanecieran vivos, además de incluir nuevos monstruos a la fórmula. Pero prosigamos con la historia del misterioso e inquietante pueblo de Shelter Mountain.

"Cinco tumbas sin lápida" funcionó bastante bien. En realidad, mucho mejor de lo que yo pensaba. Quienes os pasáis habitualmente por aquí y me habéis visto hablar de mis trabajos literarios, ya sabéis que soy de entrada bastante pesimista con lo que voy publicando, pensando que con tal o cual libro me la pegaré de todas las maneras posibles. Fue una sorpresa que mi primera novela estuviera funcionando, y al salir, en marzo de 2013, ya tenía en mi mesa una propuesta para la segunda, para "Batalla por Chicago", aunque todavía no había ninguna batalla en la Ciudad del Viento, y mucho menos un conde Drácula que se enfrentara a una momia milenaria y mágica. Cuando uno de los editores de Tyrannosaurus Books me propuso abrir la colección Monsters Unleashed, no me lo podía creer, tanto por el honor que suponía como por la responsabilidad que significaba ser el primer número de una serie de libros que, por entonces, no parecía tener final. Lamentablemente, hubo final, y menudo final. La colección, para la que había muchos planes al principio (recopilatorios, cajas con la llamada Fase 1, derivados de algunas de las novelas...), sólo llegó a los cinco números, quedándose en el camino una historia sobre un monstruo de Frankenstein motero que nunca llegó a terminarse (supongo que porque el editor estaba de trabajo hasta arriba, guiño, guiño) y saliendo un quinto número, donde Sherlock Holmes se enfrentaba nada más y nada menos que a Nosferatu, durante los últimos días de una editorial que cometió muchos más fallos como aciertos, en especial, en sus últimos tiempos, siendo la mala gestión uno de ellos. Triste final tuvo Tyrannosaurus Books, cuando los comienzos fueron tan buenos, y el devenir de Monsters Unleashed fue buen ejemplo de ello (quizá no fue correcto sacar novelas que ni ellos mismos veían bien editar, sobre todo, tras corregir un mínimo de cinco veces lo que ellos creían que era un borrador). Ojo, recuerdo agradecido a la editorial, y no hay que dejar de pensar en ella sin relacionarla con lo adelantados que estaban a su tiempo editorial, siendo un empuje para las innumerables editoriales medianas, pequeñas e independientes que han ido apareciendo en los últimos años. Sin embargo, los entre cinco y seis años que duraron bien podrían ser una lección bastante evidente de lo que se debe hacer con una editorial... y lo que no se debe hacer con una editorial. Puede que una editorial se considere un éxito con uno, dos o tres años, pero cuidado, que torres más altas han caído cuando pensaban que que iban de camino a la década, y si una editorial como Tyrannosaurus Books falleció con siete años, más les valdría a algunas no andarse con egos cuando apenas llevan la mitad. Quien avisa no es traidor.

Pero mejor no hacer leña del árbol caído, aunque a veces sea inevitable por motivos personales, y continuemos hablando de lo que significó Monsters Unleashed, colección cuyos títulos sólo pueden ser encontrados hoy día en el socorrido mercado de la segunda mano, o mediante packs absurdamente baratos cuyos beneficios van destinados a pagar a la distribuidora con la que la editorial todavía conserva una importante deuda, reduciendo el trabajo de quienes colaboramos con la colección al de simples mercenarios a coste cero. Como iba diciendo, prácticamente no pude vivir el proceso de promoción de "Cinco tumbas sin lápida" con tranquilidad. Antes de darme cuenta, me encontraba escribiendo "Drácula vs. la Momia: Batalla por Chicago". Uno de los editores me ofreció la posibilidad de ser la punta de lanza de Monsters Unleashed, y no la desaproveché, no sólo porque se me ofrecía la oportunidad de escribir y publicar mi tercer libro, segunda novela, sino por lo bien que pintaba el proyecto en sí. Una colección con portadas que irían en el mismo tono, una serie de títulos que homenajearían a los monstruos clásicos de siempre, dejados de lado por otros más ¿modernos? que ocupaban todo el protagonismo, aunque con una diferencia. Drácula, el monstruo de Frankenstein, el Hombre Lobo, la Momia, el monstruo de la Laguna Negra, el Hombre Invisible y la novia de Frankenstein, entre otros, regresarían a la literatura de género por todo lo alto, con historias que navegaban entre la mejor serie B y los blockbusters más espectaculares y ambiciosos, pero la idea del editor de Tyrannosaurus Books no se quedaba en recuperar a esos interesantes personajes, sino en darles una nueva perspectiva. Las novelas se centrarían en narraciones enclavadas en escenarios donde estos monstruos no fueran habituales. Por ejemplo, el monstruo de la Laguna Negra en el espacio exterior, el Hombre Lobo en las arenas de los gladiadores de Roma, Drácula en un futuro dominado por las máquinas o el monstruo de Frankenstein como investigador de asesinatos en serie, por poner unos ejemplos. Por supuesto, no valía situar al monstruo de la Laguna Negra en una excursión por el Amazonas, al Hombre Lobo en olvidados páramos repletos de neblina, al Hombre Invisible en una villa llena de vecinos cotillas o al conde Drácula en el Londres victoriano. Eso no tendría mucho sentido, ¿verdad?

Con sinceridad, aunque "Batalla por Chicago" fue bien recibida, hablamos de mi novela menos vendida por el momento. Tampoco era de extrañar, si consideramos que se separaba del terror de "Cinco tumbas sin lápida" para entrar en terrenos más pulperos, si consideramos el pulp como algo parecido a un género, claro. Terror, pulp, novela negra y monstruos clásicos dieron lugar a una obra que yo considero la más "friki" de mi bibliografía, en el mejor y peor de los sentidos, claro. Admito que me lo pasé bomba escribiéndola, siendo siempre una sorpresa toparme con lectores que la adoran, pero también hay que tener en cuenta que es una novela dirigida a un público muy concreto, como si dentro del pequeño nicho de los lectores de terror hubiera otro nicho todavía más pequeño protagonizado por aquellos otros lectores que disfrutan de "rarezas" como "Batalla por Chicago". ¿El patito feo de mi producción? Puede ser, pero no por ello menos querido, hasta el punto de que, como comentaba mucho antes, llegaría a pensar para él varias secuelas, hasta formar una saga que, espero, se haga realidad con el tiempo, sin prisa pero sin pausa. Entre todas las ideas que le mandé al editor sobre la premisa planteada de monstruos clásicos fuera de su hábitat, la que más le gustó fue la de enfrentar a la Momia y al conde Drácula en una especie de guerra de bandas por el control de Chicago en plan época de la ley seca, como si los personajes fuesen derivados de Al Capone que usaran sus habilidades sobrenaturales, junto a los famosos subfusiles Thompson de aquel entonces, para enfrentarse a las fuerzas de la ley y hacerse con el control absoluto de las bandas mafiosas de la ciudad. Además, el hecho de no usar sólo a un monstruo, sino a dos, le daba al libro un tono más ambicioso, que es lo que buscaban los editores. No era ya enfrentar a los monstruos clásicos contra protagonistas humanos, sino entre ellos, y los motivos "gansteriles" eran la oportunidad perfecta, sin desechar, por supuesto, a los héroes humanos, en este caso, una investigadora privada con demasiado gusto por el alcohol, muy adelantada a su tiempo, y un reportero caído en desgracia.

Antes de salir de Tyrannosaurus Books en 2014, los planes para las secuelas de "Batalla por Chicago" pintaban bastante mal. Tras ver las cifras, los editores no parecían saber qué hacer con una colección que prometía mucho en su momento, pero que por docenas de razones no había sido capaz de arrancar con las expectativas que ellos tenían en mente. La editorial empezó a separarse del terror, a centrarse en otros géneros y Monsters Unleashed empezó a languidecer. Yo andaba en otros proyectos, así que por mi cabeza no volvió la idea de continuar las aventuras de Samuel Parker y Jessica Kramer hasta que otra editorial, con cuyos dueños iba a terminar igual que con los de Tyrannosaurus Books, pasó por delante. Fue en 2015 cuando los conocí, ni siquiera merece la pena que los nombre y el idilio editorial, afortunadamente, duró poco. Tras leer uno de los editores "Batalla por Chicago", me habló de la novela, y en el momento en el que le comenté que siempre pensé en una secuela, se interesó por ella. Por entonces, escribía "El que se esconde" y el primer volumen de mi primer ensayo, "Las pesadillas de Stephen King", por lo que la enorme carga de trabajo era evidente. Aun así, saqué tiempo para llevar a cabo "El Hombre Lobo vs. el monstruo de Frankenstein: Guerra en Los Ángeles", aunque antes de sacarla era evidente que algo había que hacer con "Batalla por Chicago". Veréis, no tiene mucho sentido sacar la segunda parte de una historia cuando la primera es apenas inencontrable, y ya entre 2015-2016 era complicado hallar ejemplares del primer tomo de Monsters Unleashed, así que imaginaos ahora. Cuando uno va escribiendo libros, y existe gente tan maravillosa como loca que te los publica, tarde o temprano, se consiguen nuevos lectores, y por fortuna, eso, en mayor o menor medida, siempre me ha pasado. Eso quiere decir que los que se acercaban por "El que se esconde" no tenían ni idea de que existía "Batalla por Chicago", y si lo averiguaban, la dificultad para hacerse con ella era palpable. Si no hubiera tenido intenciones de sacar una segunda parte, no la habría reeditado, al menos, no tan pronto, pero con una secuela ya escrita de principio a fin, ¿cómo iba a complicarle la vida a los lectores? Aunque fueran cuatro gatos quienes se acercaran a la guerra que se iba a librar en Los Ángeles entre el monstruo de Víctor Frankenstein y el Hombre Lobo más conocido de todos, o uno de ellos, al menos. Lamentablemente, esta nueva editorial no sólo no paraba de marearme con fechas de entrega con las que ni ellos se aclaraban, sino que tenían poca idea de lo que querían hacer con "Batalla por Chicago"; desde un volumen único con ambas novelas a un precio prohibitivo hasta llevar a cabo un tomo similar, pero con la segunda parte por delante de la primera, pintando un panorama estrambótico, pasando por el hecho de que por narices ambas debían ilustrarse sí o sí. Eso se acabó, y a pesar de que los planes originales para la publicación de la saga de monstruos, que empecé a llamar Monsters Unleashed a modo de homenaje, volvieron a pasar por la autopublicación de Amazon, no me di por vencido, apostando por una editorial con la que buscaba trabajar desde hacía mucho: James Crawford Publishing.

Centrada en las antologías, la editorial llevada por William Fleming siempre ha destacado por lanzar títulos bastante arriesgados con una regularidad envidiable, sin dejar de lado novelas y otro tipo de publicaciones. Después de colaborar en algunas de las antologías que ha ido editando durante estos años, y siempre con promesas de trabajar juntos, me atreví a proponerle la publicación de "Batalla por Chicago", con la intención de que cada año llegara una nueva entrega de la saga, por la que pasarían monstruos como el ya mencionado Hombre Lobo, y otros como las novias de Drácula, el Hombre Invisible, el monstruo de la Laguna Negra y algunos que no puedo desvelar para no incurrir en spoilers que igual os estropearían la lectura de las próximas novelas, si es que tarde o temprano vais a encararlas. La propuesta le gustó al editor, así que nos pusimos enseguida a ello, dándole a "Batalla por Chicago" un par de cambios, alguna corrección extra y la nueva portada realizada por Marco Gómez Gómez (Las 8 caras del miedo), ilustrador con el que hace mucho que deseaba trabajar, al igual que con William Fleming. Un proyecto que parecía maldito, dos profesionales con los que quería colaborar y la promesa de volver con ellos para las futuras secuelas. No está nada mal si tenemos en cuenta que Monsters Unleashed daba la impresión de estar bien muerta, ¿verdad? Y además, con venta directa por Amazon, lo que asegura que eso de que el libro se descatalogue no va a pasar nunca más, una oportunidad de oro para terminar la saga, y después ponerme con las demás ideas que tenía para la colección original de Tyrannosaurus Books. ¿Quién sabe? En principio, vamos a por la primera trilogía de estos nuevos Monsters Unleashed, la cuarta entrega que sirva de "epílogo" y luego, quizás, a por tres entregas nuevas (¿o cuatro?) para una especie de segunda saga que una a monstruos clásicos menos concretos. Imaginaos a Samuel Parker y Jessica Kramer enfrentados a, no sé, ¿zombis y dioses primigenios sacados del universo Lovecraft? ¿Leyendas populares de Estados Unidos como el Jinete Sin Cabeza o el espíritu de Samhain? Todo es posible.

Por ahora, aquí tenéis la reedición de "Drácula contra la Momia: Batalla por Chicago". Nueva editorial, nuevas expectativas, nuevos objetivos, nueva portada, ligeros cambios en el título y un futuro con secuelas como "El Hombre Lobo contra el monstruo de Frankenstein: Guerra en Los Ángeles", que empieza donde acaba la primera parte, con los protagonistas visitando la cuna de Hollywood para enfrentarse a dos verdaderas máquinas de matar que pretenden hacerse con el control de los bajos fondos de una ciudad donde los agentes del orden son peores que los propios criminales. Todavía es pronto para hablar de las novias de Drácula, el Hombre Invisible y, quizás, de cierto doctor y cierto míster de doble personalidad y un regreso a Chicago, así que, por el momento, hablemos de la batalla por Chicago, del conde Drácula, de la momia Imhotep y de cómo no hay que darse por vencido a la hora de sacar adelante un proyecto literario. Por fortuna, la reedición de "Cinco tumbas sin lápida", novela que ha tenido gran protagonismo en la presente entrada, no ha sido tan accidentada, pero teniendo en cuenta que la ambición tras Monsters Unleashed pasa por una extensa saga, merece la pena haberse partido tanto la cara por sacarla adelante. A continuación os dejo con el enlace mediante el cual podéis adquirir esta nueva edición de "Batalla por Chicago", invitándoos a haceros con ella si todavía no os la habéis leído, y si así ha sido, quizás os apetezca haceros con ella para tener todos los volúmenes iguales de Monsters Unleashed. Sea como sea, muchas, muchas, muchas gracias, porque sin vosotros, sin vuestra confianza, sin ese apoyo que le dais a mi trabajo, no tendría mucho sentido reeditar este libro. Es más, ni siquiera habría hueco para ello, pero si lo habéis pedido no seré yo quien os impida haceros con él.

Aquí podéis comprar la novela en Amazon.

Recordad que los monstruos clásicos siempre vuelven, y no es de extrañar, si tenemos en cuenta lo importantes que han sido siempre para la literatura y el cine de terror. Desde los clásicos entre los clásicos del terror escrito hasta los clásicos de la Hammer y la Universal, los monstruos siempre han estado ahí, sobreviviendo a otros que han intentado quitarles su popularidad, alzándose incluso cuando lo tenían todo en contra. Mis Monsters Unleashed sólo son mi pequeño homenaje hacia ellos, mi cariñoso intento de que se les siga recordando. Una carta de amor de un escritor de terror hacia figuras que son el terror mismo. Acompañadme en este viaje que se inicia de nuevo. Acompañadme.

Seamos... monstruosos.