miércoles, 4 de abril de 2018

Repaso al 2017: Tours del miedo, un bosque vino a verme, los churros que me lo dieron todo y encontrando a mi verdadera alma gemela


"Ese fue el año en el que me plantaron en el altar, fue el año en el que me agredió un camarero loco, el año en el que me despidieron, el año en que fui atacado por un macho cabrío o más bien por una cabra y vive Dios que fue el mejor año de mi vida. Por que si alguna de esas cosas no hubiera ocurrido, nunca habría acabado teniendo el mejor trabajo que he tenido jamás. Pero lo más importante es que nunca hubiera conocido a vuestra madre quien, como sabéis, estaba en esa clase". Menudo inicio para el que es el último repaso que doy en el presente blog al ya más que fallecido 2017, ¿verdad? ¿Qué habéis pensado al leerlo? Supongo que de todo, aunque es bastante probable que si sois fans de la pedazo de serie televisiva que es "Cómo conocí a vuestra madre" os suene bastante. No os preocupéis, que tanto si la habéis visto como si no (si pretendéis hacerlo, igual os coméis algún spoiler; os pido perdón por adelantado, a la vez que os invito a saltaros este párrafo), os pongo en situación. Estamos en los últimos minutos de la cuarta temporada, una temporada en la que, precisamente, la felicidad no ha brillado en la vida de Ted Mosby, protagonista de la serie. Precisamente, los pensamientos con los que he iniciado esta entrada, los tiene el personaje al saltar de un edificio a otro, de un tejado a otro, cumpliendo así un objetivo que se habían propuesto tanto sus amigos como él, y que nunca cumplían por unos u otros motivos, siendo así una especie de clímax en el que todos decidían armarse de valor y continuar avanzando en sus vidas. Por supuesto, todos conseguían el salto, y mientras lo daban, Ted reflexionaba sobre todo lo ocurrido, y sí, todo es verdad, incluso el ataque de la cabra, siendo éste no sólo uno de los mejores momentos de una serie que ya es historia de la pequeña pantalla, sino de sus momentos más épicos, recordados y apreciados.

Si hacemos memoria, hasta el momento, la serie había sido casi un camino de rosas para Ted. Si, había tenido sus instantes duros, como es normal, pero todo, o prácticamente todo, le había salido redondo. Es más, la tercera temporada nos daba uno de los finales más capaces de dejarnos con el culo torcido, donde Ted le pedía matrimonio a su novia de ese momento, una Stella que no le respondía hasta el primer capítulo de la cuarta temporada, creando un cliffhanger de infarto. Sí, esa misma Stella que después dejó colgado a Ted en el altar para irse con su ex. Casi nada. A eso le sumamos que durante la cuarta temporada, nuestro protagonista fue despedido, era incapaz de encaminar de buena forma su carrera profesional, no parecía conseguir nada, permanecía suspendido en una vida sin un aparente futuro y, además, las novedades que le sobrevolaban eran todas malas. Id de nuevo al párrafo de esa temporada que os he puesto, por favor. ¿Cómo acaba? Bien, no. De forma perfecta. O legen... daria, como diría nuestro amado Barney Stinson. ¿Cuál es la lección que nos contaba Ted con esa reflexión? Una de las más repetidas durante la excepcional serie, una verdad como un templo que podríamos aplicar todos nosotros a nuestra existencia diaria: si algo malo pasa, pensemos en que igual ha pasado para que tengamos algo mucho mejor, tarde o temprano. "Cómo conocí a vuestra madre" va, en gran parte, de eso. De las decisiones que tomamos, de las decisiones que otros toman por nosotros, de las decisiones que toma la vida, de las decisiones malas que conducen a las buenas... Ted perdió el trabajo, fue plantado en el altar, fue golpeado, fue atacado por una cabra, se sintió frustrado y, al final, todas esas calamidades le condujeron a la vida que buscaba, a la vida que tenía el Ted que nos contaba cómo conoció a la famosa madre. Todo eso le condujo al mejor trabajo de su vida. Todo eso le condujo a conocer a la madre cuya identidad era el principal leitmotiv de la serie. En definitiva, todo eso llevó a Ted Mosby a tener la vida que debía tener, la que buscaba, la que merecía, quitando de su camino todo lo malo, todo lo que le molestaba, sin saberlo, para alcanzar la felicidad que merecía, y que aún tardaría cinco temporadas más en aparecer. Y sí, me parece que sabéis por dónde voy, porque el párrafo de "Cómo conocí a vuestra madre" que he compartido con vosotros es aplicable a mi 2017, de principio a fin. Fallecimientos familiares, decepciones personales, intentos de que caiga mi carrera literaria, separaciones de pareja... y ha acabado siendo el MEJOR AÑO DE MI VIDA. Sin matices. Ahí es nada.

Si para algo he utilizado siempre estos repasos anuales de mi vida personal y profesional, los más antiguos del blog por encima de los cinematográficos y literarios (el primero data de 2012, el año en el que nació la Cueva del Extraño), ha sido tanto para desahogarme como para celebrar con vosotros (que no presumir) de todo lo conseguido durante el año en cuestión, en la mayoría de las ocasiones, y sobre todo en el aspecto profesional, gracias a vosotros, compañeros, amigos, lectores... Siempre le he dado más importancia a lo bueno que a lo malo, y en este repaso del 2017 no voy a hacer una excepción, parándome sólo brevemente en lo malo, sin dar nombres cuando me refiera a alguien, porque al fin y al cabo, no sólo es algo que siempre he hecho, sino porque prefiero dar nombres y apellidos de aquellas personas que me han hecho la vida maravillosa, mejor y más feliz, y dejar que en los casos negativos, sea la gentuza la que se dé por aludida. Porque encima, siempre acaban visitando el presente blog. Por mí. El disgusto os lo lleváis vosotros, stalkers que venís a cabrearos, y las visitas me las llevo yo. Además, nunca he creído en dar publicidad gratis a quienes viven para hacer la puñeta, y eso no ha cambiado durante el magnífico 2017 que he disfrutado. En conclusión, no me voy a cortar al hablar de nada, porque desde el 2012 nunca me he cortado al hacerlo, tanto con lo bueno como con lo malo. Y no olvidemos que esto es un espacio personal, y hablando malamente, me lo follo cuando quiero. Si alguno de los auto-aludidos tiene algún problema, en la casilla de comentarios puede hostigar todo lo que quiera, que no soy de los que borran nada, ni siquiera los trolleos. Eso sin olvidar que tengo e-mail, número de móvil, Whatsapp... Si alguien quiere hacer un Sálvame de mi reflexiones personales (insisto, personales e intransferibles... y con pruebas), que se lo haga mirar, que realice un repaso a su propia vida y, no sé, que se busque un entretenimiento que no sea dar por saco y aburrirse, que la vida es muy corta y cuando te quieres dar cuenta eres un viejo (o vieja) amargado de ochenta años que se arrepiente de haberse dejado consumir por la mala leche que gastaba cuando ya era un pollavieja que llamaba pollaviejas a los demás. Avisados estáis. Avisados estamos.

En el título de la presente entrada, hablo de tours del miedo. No cabe ninguna duda, de que el 2017 ha sido uno de los años en los que más he viajado y en los que más presentaciones he hecho. Por ejemplo, justo hace un año, día abajo día arriba, tuve el placer de presentar "El Guardián del Miedo", mi nueva antología de terror, en la famosa, popular y reconocida librería de Gigamesh, en Barcelona, lo que supuso no sólo que presentara en un establecimiento donde tenía muchas ganas de hacerlo desde hacía años (sí, Tyrannosaurus Books era de Barcelona, y nunca me preparó una presentación allí, qué cosas; al menos, lo hicieron durante el día de Sant Jordi), sino que volviera a tener el gusto de la compañía de amigos y compañeros de letras como Jorge Herrero, Pepa Mayo e Ignacio J. Borraz, personas muy especiales para mí a las que conozco desde hace años, y con quienes comparto algo más que amor hacia los libros, concretamente, una profunda amistad y respeto que a estas alturas tengo más que claro que durará para siempre. Además, durante la presentación de Barcelona tuve el honor de conocer a otros amigos y compañeros literarios como Carlos Plaza, José Bonilla, Alicia Sánchez y Teresa Estévez. ¡Incluso pude compartir una maravillosa cena con Raymundo Gómez y Cristina Maro! En serio, conocer al fin, después de años de amistad digital, a gente tan, tan increíbles, fantástica y especial, es una de las mejores experiencias de esto de dedicarse a juntar letras. Y me quedo corto. No tengo palabras para el recibimiento que tuve en Barcelona, una ciudad que siempre me ha tratado genial, aunque claro, con personas así, no me extraña. Hace poco he repetido viaje por temas literarios, y la cosa ha salido incluso mejor, así que no descarto volver, al menos una vez, en lo que queda de 2018. ¡Ya os contaré en 2019! ¿Y cómo olvidar mi primera visita al Salón del Cómic de Barcelona? Fue un viaje bien aprovechado, sí. Y además, pude conocer por fin a Daniel Estorach, gran amigo y compañero al que conozco desde 2012, que se dice pronto, una de esas personas excepcionales que tienen la constancia, el trabajo, el esfuerzo y la profesionalidad como sus principales armas. Y si por redes sociales ya es majo, en persona lo es multiplicado por diez. Y por si fuera poco, tuve ocasión de conocerle exponiendo el corto basado en su novela, "Hoy me ha pasado algo muy bestia", donde superhéroes de su propia creación se pasean por Barcelona. Atentos al universo creado por Dani, porque entre este 2018 y el futuro 2019 va a dar el campanazo que se merece. Podemos apostar, y estoy seguro de que ganaré.

No se puede dudar de cómo se mueve Apache Libros, editorial con la que he publicado "El Guardián del Miedo". No sólo me consiguieron la presentación de Gigamesh, sino una ronda de firmas en nada más y nada menos que la Feria del Libro de Madrid, una de las ferias literarias más importantes de toda Europa, que se dice pronto, y donde mareas de gente se paseaban por las casetas de editoriales y distribuidoras. Lo cierto es que no le fue nada mal a la antología protagonizada por el siniestro Guardián, y la visita a Madrid me permitió conocer al fin en persona a José Carlos Guerrero, Joe Warrior, y a Emilio López Sith, Lord Mandanga, los amiguetes del programa de radio El Sótano, del que tanto os hablé en el repaso de 2016, en el que tantos buenos ratos he pasado durante 2017 y al que tantas gracias debo de dar por regalarme un espacio no sólo para disfrutar con estos dos cracks, sino para hablar de mis obras, de mi trabajo y de todo lo que me gusta, acompañando a gente igual de friki, igual de aficionada al cine, a los libros, a los cómics, a las series, a la música, a los videojuegos y, en definitiva, a pasarlo bien y ser feliz con la gran oferta de ocio-artístico que tenemos a mano en la sociedad actual. También tuve la oportunidad de conocer en persona a la encantadora Rosa María Calero Leal, lectora y amiga, amiga y lectora desde hace mucho, y a la que todavía le debo un beso que nos impidió el stand de los grandes amigos de la distribuidora Maidhisa, quienes no sólo aguantaron que llegase tarde, sino que me ofrecieron un hueco en su stand para firmar, y siempre con una sonrisa en la cara. Primero firmas, después de comprobar lo grande que es Madrid (no os creáis a un madrileño cuando diga "esto está aquí al lado"), y luego a tomar algo, momento en el que también aproveché para ponerme al día con amigos tan buenos como Germán Sánchez García, al que tuve el honor de conocer durante la Semana Gótica de Madrid de 2015, y con el que he tenido el gusto de repetir este 2017. Siempre me falta tiempo para charlar con Germán, pero es que el jodío siempre tiene tanta conversación interesante que necesitaría toda una semana para ponernos al día, y creo que ni así. Por supuesto, infinitas gracias por acercarse, por acercaros todos los que pudisteis y un enorme y especial agradecimiento a Joe Warrior y a su chica por acogerme en su casa, por aguantarme y por soportar las vueltas por Madrid. No sois grandes, no. Sois inmensos.

Podría hablaros también de mi visita a Valencia en verano, aunque ya ahí entramos en un terreno personal con el que me quiero explayar más adelante. También podría hablaros de mi visita a Murcia en noviembre, pero estamos en la misma situación, una visita a Murcia para ver a mi familia, a MI verdadera familia, que se fusionó con la invitación que me (nos) hicieron para acudir a la HispaCon del pasado año. ¿Qué es la HispaCon? Uno de los eventos literarios más importantes de ámbito nacional, relacionado con los Premios Ignotus y que cada año se celebran en una localidad distinta de nuestra geografía. Es más, si sois habituales de este blog, quizá recordéis que en el repaso que hice del año 2015, os hablé de las hispacones, y fue así porque ese año se celebró en Granada, donde tuve el honor de presentar "Actos de Venganza: Edición definitiva", antología publicada por Applehead Team Creaciones. De antología en antología vamos, sí. Esta vez, la HispaCon era en Navacerrada, un pueblo de Madrid donde el mechero de Cristo perdió su propio mechero, y en el que lo pasamos bastante bien, conociendo amigos, reencontrándonos con otros, comprando libros y dando una charla sobre terror y comedia junto a cracks como Enrique Dueñas y Alba Lucío, quien llevó la mesa redonda sobre el tema. ¡Ah! Y no me olvido de la invitación a la HispaCon ofrecida por la grandiosa Cristina Martínez, ya mencionada varias veces en este blog, pero nunca las suficientes... ¡Y las que quedan! Por cierto, y conectando con la HispaCon, reconozco que me llevé toda una sorpresa y me hizo muchísima ilusión comprobar cómo "El que se esconde" y el primer volumen de "Las pesadillas de Stephen King", en el recuento final de los Premios Ignotus, se quedaron a un paso de ser nominadas; una como novela, y la otra como ensayo. Sí, sé que puede parecer poco, sobre todo, para los nominados, finalistas y ganadores, pero teniendo en cuenta que en años anteriores, obras como "Cinco tumbas sin lápida", "Tormenta Sangrienta" y, entre otras, "Actos de Venganza: Edición definitiva", apenas si han alcanzado los cinco votos, imaginaos mi sorpresa cuando vi que los citados títulos ocupaban puestos tan altos. Este año estoy dando mucha la murga con los Ignotus, la verdad, de tal forma que no sé cómo me están aguantando amigos, compañeros y familiares, así que crucemos los dedos para que sirva de algo molestar a tanta gente amable, maravillosa y encantadora. Supongo que sabréis los resultados finales en el repaso que haré de 2018, ya en el todavía lejano 2019.

Por supuesto, no me olvido de los paseos literarios que me he dado por Málaga. Antes incluso de llegar a la consabida presentación de En Portada Cómics, tuvo lugar la puesta de largo de "El Guardián del Miedo" en la primera FreakCon celebrada en Málaga, un evento donde videojuegos, merchandising, series, cómics, literatura, cine, conferencias y cosplay son los absolutos protagonistas. Gracias a la intervención de José del Río Fortich, editor de Apache Libros, pude no sólo estar firmando guardianes en el stand de la editorial, sino hablando sobre ella con él en la primera presentación que se hizo del libro. Además, ya de paso pude conocer, al fin, en persona a Juapi, portadista e ilustrador de "El Guardián del Miedo", además de creador gráfico del personaje del Guardián, y compañero artístico al que hace mucho que conocía gracias a las benditas redes sociales, pero con el que nunca había podido coincidir en persona, al menos, hasta la fabulosa FreakCon, de cuya segunda edición también os hablaré en el repaso de 2018. Con José he podido compartir también la presentación de la antología en Barcelona, las firmas en la Feria del Libro de Madrid, un par de momentos en la HispaCon y una divertida mesa redonda en la Semana Internacional de Cine Fantástico Costa del Sol. Centrándome en las presentaciones de Málaga, en especial, en la realizada en En Portada Cómics, donde además se regalaron láminas de Juapi de la portada al completo de "El Guardián del Miedo", ayudando a que el libro se vendiera como churros y a que las primeras ventas no tardasen en llegar. Se dice mucho eso de que uno no es profeta en su tierra, pero, sinceramente, cada vez que realizó una presentación de una nueva obra en Málaga, en mi ciudad, en mi tierra, y más en concreto en la librería especializada En Portada Cómics (el templo del buen vicio en Málaga, la mejor librería friki que podréis encontrar en la Maine de España), así me siento, como un profeta en su tierra, más arropado, querido y apoyado imposible. Amigos y compañeros se acercaron para que les hablase del siniestro Guardián, en la segunda presentación a solas que he realizado, toda una experiencia la de lanzarse al ruedo sin presentador que a uno lo apoye, y que recomiendo encarecidamente para curtirse en esto de hablar en público. Por fortuna, tengo siempre a los mejores asistentes posibles, al mejor público, a los mejores lectores que un juntador de letras podría desear. Después, por supuesto, nos fuimos a tomar unas copillas, que siempre viene bien remojar el gaznate tras un largo rato dando el latazo con mis cositas de susto, instantes memorables para hablar de todo un poco. De aquí, dar infinitas gracias, una vez más, a todos los que fueron, a todos los que fuisteis a apoyarme en tal presentación, en todas, en realidad. Y no digamos ya a los que, además, se llevaron, os llevasteis, un ejemplar de "El Guardián del Miedo". Y por supuesto, no puedo olvidar dar de nuevo las gracias, y todas las veces que sean necesarias, a los majísimos currantes de En Portada Cómics, que siempre lo tratan a uno como si fuera una estrella. Gracias, gracias, gracias. Intento rodearme de la mejor gente, a ver si se me pega algo.

Y de noticias geniales pasamos a noticias menos geniales, aunque, viéndolo con perspectiva, la noticia de la que os voy a hablar ahora no es que sea menos genial, es que fue una de las mejores noticias del 2017, dado que, como bien indica el sabio de Ted Mosby, me llevó al buen camino, al sendero correcto, de vuelta a mi objetivo natural, alejándome de un error que podría haber sido todavía más grande de haber durado más. Hoy, justo hace un año, día arriba día abajo, mi pareja de entonces, de la que os he hablado bastante en este blog (no, no voy a decir nombres; recordad lo comentado en anteriores líneas sobre nombrar lo malo; ni publicidad ni fabricación de víctimas-mártires), rompió una relación de nueve años que manteníamos. Es cierto que una cosa es que os cuente en lo personal cómo me van las cosas y otra que dé detalles pormenorizados sobre cada esquina de mi vida, así que poco más voy a decir al respecto, y en realidad lo cuento porque hay otros temas mucho más agradables que os quiero narrar y que van conectados a este suceso. Sin embargo, aunque quisiera dar detalles, tampoco sabría qué decir. Imaginaos que vuestra pareja va a comprar tabaco después de una discusión... y no volvéis a saber de ella. Pues eso mismo, con ciertos matices. Ni hubo una conversación previa. Ni hubo una larga conversación. Ni me mandó a la mierda. Ni... nada. Para alguien como yo que suele preferir hablarlo todo, preferiblemente, cara a cara, con sinceridad, siendo directos y sin esconder ninguna carta, una ruptura así tendría que haber sido traumática, pero conforme pasaban los días, entendía que si alguien me dejaba así después de casi una década de relación, de una manera tan fría, áspera, cruel y sin ni siquiera una explicación de por medio, sin una conversación, sin ni siquiera insultos, sin ni siquiera hacerlo por una red social, o por un correo electrónico o un mensaje de texto, no merecía la pena. Más que triste, me sentí decepcionado y engañado. Y ahora, eternamente agradecido. Sí, agradecido. Porque como le ocurrió a Ted Mosby, agradezco que me pasara eso. Él agradeció que lo dejaran en el altar, que lo despidieran, que no supiera qué hacer con su vida... Yo agradezco a esta persona que decidiera dejarme, y más de esa forma, para no andar revoloteando en mi vida. Gracias a dejarme ahora sí tengo vida, ahora estoy enamorado de verdad, ahora estoy con mi verdadera alma gemela, ahora me siento tan completo como lleno y ahora, sí de verdad de la buena la mejor, estoy donde debo estar. Gracias. Muchas, muchas, muchas gracias. Espero que, estés donde estés, te vaya la mitad de bien que a mí y seas una pizca de lo feliz que soy. Porque de ser así, te irá genialmente bien y serás tremendamente feliz.

Más que decepción, podría hablar de cierta molestia al comprobar tanto el comportamiento de su familia como de los "amigos" que compartíamos. Y tiene gracia. No tiene gracia que todos desaparecieran sin pedirme mi versión (versión que no tengo, dado que no tengo ni idea de lo que hice... ni siquiera un año después, por lo que sólo puedo hablar de cómo corto esa persona, no de lo que hice para ello), sin hablarme o como si fuera un apestado que hubiera estado con su amiga un par de semanas y no casi una década, como si no hubiera sido yo el que les acompañó en viajes, se preocupó cuando enfermaban o le insistía a ella para regalarles algún que otro detallito en sus cumpleaños. Eso no tiene gracia, claro. Lo que tiene gracia es que, durante nueve años, más de una vez, medio serio medio en broma, le repetía a esa persona que sus amigos eran más suyos que míos, que conmigo se llevaban bien porque estábamos juntos, pero que al conocerlos por ella, era evidente de parte de quién se iban a poner (viva la objetividad, la seriedad y la madurez) en caso de que nos ocurriera algo. Esta persona se reía ante tales afirmaciones, alegando que lo que decía era una tontería, que no era verdad. Y yo, hace un año, pensé que tenía gracia, y que, de repente, era capaz de ver el futuro. Supongo que fui juzgado por personas que, en realidad, no son amigas, sino que salen y entran por costumbre. Supongo que fui juzgado moralmente por temas que desconozco por el marido celoso patológico con tendencias posesivas que rayan lo que muchos podrían considerar un maltrato psicológico (no, prohibir a tu pareja que no tenga Facebook, no mola). Supongo que fui juzgado moralmente por el marido que se deja hacer como si en vez de estar en un matrimonio, en lugar de encontrarse en un equipo de dos, estuviera en una especie de teatro de marionetas donde es una más del espectáculo. Supongo que fui juzgado moralmente por éstas dos personas que no tenían problemas en deshacerse de sus animales domésticos cuando se hartaban de ellos, como si fueran juguetes. Supongo que fui juzgado moralmente por la "amiga" a la que sólo considerábamos así realmente dos del grupo, mientras que los demás sólo la aguantaban, sobre todo cuando se dedicaba a hacer tríos en la cocina del apartamento de esos "amigos". Supongo que fui juzgado moralmente por el marido que daba saltos de alegría cuando su mujer salía por la puerta de casa, porque así podía estar solo y no obligado a aguantarla. Supongo que fui juzgado moralmente por esa misma mujer, que en cuanto su mejor amiga le dio la patada, consideró a mi ex su mejor amiga, después de haberle estado haciendo feos durante mucho, mucho tiempo. Supongo que en este mundo, en esta sociedad, es normal que Hannibal Lecter sea juzgado moralmente por Jack el destripador, Charles Manson y una partida de nazis. Ojo, que hubo una persona, una amiga en común, que sí que esperó a tener ambas versiones, que me ayudó, que me animó y que estuvo ahí en todo momento, también para esa otra persona. ¿Y sabéis lo que consiguió de esa persona? Nada. El vacío más absoluto. Sí, el "si hablas con mi ex, estás en mi contra" se sigue llevando cuando sales de la guardería. Una pena, porque sin duda, ha perdido la amistad de una de las personas más excelentes que conozco. Una amiga de verdad que iba a estar para los dos, sin juzgarnos, sin importar lo ocurrido en la relación. En pocas palabras, una persona adulta de verdad. Porque lo fácil, lo hipócrita, lo falso y lo eticamente reprobable, es juzgar cuando estás hasta arriba de mierda. Chungo.

En el caso de estos "amigos", la verdad es que si me hubieran dicho hace años que dignaban a hablarme por el simple hecho de estar con esa persona, yo mismo les habría retirado la palabra, ahorrándome mucho tiempo y dinero, guardando mi amistad para gente que de verdad la valorara. No sé qué pensáis vosotros, pero vivir en una civilización donde una amistad de años se puede disolver en cuestión de un par de días, sin efectos para la parte que la disuelve, me parece tan inhumano que me dan ganas de vomitar. En dirección a la gente que lo hace, claro. Y más si, supuestamente, son personas con una adultez considerable. Al menos, en cuestiones de edad, porque en lo mental, es bastante discutible. Y no, no voy a cometer el error de echar pestes sobre mi pasada relación, aunque sí la considero actualmente un error, una etapa de aprendizaje más bien. ¿Por qué la considero así? Por la relación que mantengo ahora mismo, que sería algo así como comparar una pizza casera cocinada en el mejor restaurante de Italia, y una pizza congelada desde hace meses y vendida por un local de cuatro duros. Es evidente que cuando encuentras algo mejor (y sabía que iba a hacerlo, no por mi cara bonita, pero más que presentirlo, lo sabía con toda certeza; soy de los que más que creer, saben que  cuando algo malo ocurre, es porque algo mucho, mucho mejor está por llegar, a lo Ted Mosby, vamos) compararlo con lo anterior es inevitable. Y cuando es algo mejor, mucho mejor, se sabe desde lejos, es inevitable comparar y, por supuesto, admitir que uno se ha conformado con algo que creía bueno, cuando la excelencia estaba ahí fuera, esperando. Como estudiar para sacar un cinco pelado en un examen, cuando podrías haber estudiado tanto como para sacar matrícula de honor. Te conformas, porque, al fin y al cabo, has aprobado. Pero cuando pruebas la nota más alta... ¡Ah! ¡Cuando la pruebas es inconmensurable! Casi imposible de definir esa sensación, y eso es lo que me ha pasado. El camino correcto. 2017. El mejor año de toda mi vida. De todas mis vidas. De ayer, hoy y mañana. Y la culpa la tiene ELLA. Bueno, la tienen unos churros a los que la invité... a ELLA. Mi verdadera alma gemela. Mi tornillo especial. Mi cosita bonita entre todas las cositas bonitas. Mi preciosa. Mi Wonder. Mi Tamara López.

Ya nos conocíamos, para qué mentir. Como se pueden conocer dos personas interesadas en la literatura y el cine que se mueven por los mismos círculos, en este caso, las redes sociales, teniendo muchos amigos en común. E incluso compartimos antología, llegando a recordar bastante bien su relato, uno de los que más me gustaron del libro "Dejen morir antes de entrar", primera recopilación en papel realizada por la Web del Terror. La amistad apareció, aunque nunca dimos pasos para nada más dado que ambos teníamos pareja en aquel momento. Antes de ahondar en nuestra amistad, pasé varias semanas solo, y lo cierto es que cuando notamos que había algo más que amistad, no buscaba nada, pero tampoco me repelía el pensar en ello (no voy a ser de esos estúpidos que afirman que están mejor solos... antes de iniciar una relación de pareja). Poco a poco, fuimos charlando, fuimos conociéndonos más, fuimos constatando que había algo especial que iba más allá de las casi veinticuatro horas que pasábamos hablando de todo (vale, alguna vez cumplimos esas veinticuatro horas). Ella también me dejó claro que no tenía pareja. Llamadas, mensajes, conversaciones infinitas, acostarnos de madrugada para levantarnos pocas horas después y retomar la charla, regalos en la distancia... y poco menos de dos meses después, estábamos viviendo juntos. Ella dejó toda una vida en Valencia. Por mí. Por lo nuestro. Lo dejó todo y se vino aquí, a Málaga, conociéndome mejor que nadie, a la aventura, pero al mismo tiempo con la seguridad que da un amor que se había postergado demasiado, pero que debía darse sí o sí; si no ayer, sí hoy, y si no hoy, mañana. Por fortuna, se ha dado cuando todavía nos queda mucho tiempo (aunque nunca el suficiente) para disfrutarnos. Me volvió la vida del revés. Le dio sentido. Antes de venir a Málaga, la visité unos días en Valencia,  allí se confirmamos lo que ya sabíamos: nacimos para estar juntos. Ella me ha hecho sentir, me hace sentir y siempre me hará sentir mariposas (o dinosaurios, dado el tamaño) que nunca me habían sobrevolado antes, que ni siquiera pensé que pudieran existir. Me faltan las palabras para darle sentido a lo que quiero decirle, a cómo quiero expresar lo que siento por ella, a cómo le puedo dar las gracias por todo lo que me ha dado, cómo si necesitará inventar un idioma para describir lo nuestro, lo que es ella para mí, lo que significa y cómo me siento a su lado, incomparable con ningún otro sentimiento antes vivido. Ella es única. Somos clones el uno del otro. Fui escrito para ella, y ella fue escrita para mí. Encajamos mejor que las piezas de un puzle, como si nuestras almas fueran una sola, dividida para que pudiéramos ser dos personas separadas y así querernos, cuidarnos, amarnos, divertirnos, disfrutarnos y hacernos felices. ¿Cuántas personas renuncian a su vida diaria, a la vida que se han construido para lanzarse a una aventura en otra ciudad, en otra casa, para convivir por completo con una persona? En menos de dos meses. Todo eso significa algo. Todo eso significa mucho... y más, pero si os contase todo lo que hemos vivido juntos en diez meses de relación, me harían falta varios blogs, un par de series de diez temporadas y algunas sagas al estilo "Canción de hielo y fuego". Cada día estamos mejor. Cada segundo es más fantástico que el anterior. Cada instante nos amamos más, y con la promesa, con la absoluta seguridad de que estaremos juntos siempre. Always. Una seguridad que jamás he sentido nunca por nada. Y eso significa algo. Eso significa ella. Yo. Lo nuestro. Juntos. Always. Nosotros. Y le doy las gracias a todo lo que me ha conducido a ella, tanto lo bueno como lo malo. Todo ha sido un aprendizaje para darle lo que se merece, para hacerla todo lo feliz que debe ser como la persona maravillosa que siempre ha sido, es y será. Intento estar a su altura. Espero conseguirlo algún día. Ahora sí. Ahora tengo un futuro. Ahora tengo una verdadera razón para levantarme por las mañanas. Ahora tengo vida. Ahora mi vida es completa. Ahora me siento realizado. Ahora soy invencible. Ahora sí soy feliz. Porque la felicidad es esto, es lo nuestro, es... ELLA. Y pensar que todo empezó con una invitación para comer churros.

Pasando a temas igual de positivos, pero literarios (aunque me es difícil separar a mi mejor mitad de lo literario, ya que es mi motor, mi musa y la razón de que no dejara de escribir a pesar de los peores momentos vividos este año, sin olvidar que es mi agente, sin olvidar todo lo que me ayuda en lo de juntar letras, sin olvidar todo el apoyo que me da al respecto, sin olvidar los sacrificios que lleva a cabo para que avance en mi, no, en nuestra carrera literaria), ya que si no este blog se convertiría de repente en una oda a nuestra historia romántica, y ya contamos demasiado en nuestras respectivas redes sociales (Made in Osos Amorosos), toca realizar un rápido repaso a las publicaciones que he podido hacer durante 2017, sacando una suma total de tres libros en solitario y tres antologías en las que he colaborado. Comenzando con las recopilaciones, lo cierto es que ha sido un año de esos raros, y eso que durante el 2016 tampoco se publicaron muchas más antologías en las que colaboraba, pero me lo he tomado con filosofía, puesto que muchas se encontraban paradas y otras todavía estaban por salir, alargándose sus fechas de edición en el tiempo, afectadas por las idas y venidas editoriales, muy habituales en el mundillo literario. De ahí, por ejemplo, que en estos tres meses de 2018 ya se hayan publicado cuatro antologías en las que participo, que se dice pronto, sin contar las ya confirmadas para el resto del año. Lo de siempre, amigos. Cuando menos te lo esperas, sale todo de golpe, y no sólo hablo de antologías, claro, porque en publicaciones en solitario, al menos, podéis esperar cuatro de mi puño y letra para este 2018. ¡Y ya llevamos una! Pero volvamos al 2017, que me despisto. ¿Qué antologías han sido aquellas en las que he tenido el placer de participar junto a compañeros y amigos muy queridos? Pues "Aquel extraño hombre alto", "Tiempo Prestado" y "Doñana es arte". Lo cierto es que la experiencia con la primera y la tercera ha sido maravillosa; la primera, es una de las mejores antologías en las que he tenido la suerte de caer, coordinada por Javi Martos y con portada e ilustraciones de mi admirado Iván RuSo; y la otra, una antología benéfica a favor de Doñana, formada nada más y nada menos que por tres libros que se irán publicando poco a poco, una extensa recopilación de historias breves e ilustraciones gracias a la cual he conocido a grandes personas, muchas de ellas ahora amigas y amigos, más allá de la profesión que compartimos. Sin embargo, "Tiempo Prestado" ha sido una de las peores experiencias "editoriales" que he vivido desde que empecé seriamente en esto en 2009, es decir, ya hace casi diez años, que se dice pronto. Desde entonces, he tenido la suerte de colarme en convocatorias, en antologías por concurso y ser invitado a otras por compañeros y amigos juntaletras, llegando a sumar un total de más de cincuenta colaboraciones en papel. Prácticamente el cien por cien de las colaboraciones han ido como la seda, pero claro, ese "prácticamente" indica que algunas no han ido tan bien. "Tiempo Prestado" ha sido una de ellas, y es una pena, porque se formó mediante un grupo de amigos que se fue al traste gracias a las absurdeces, mala educación, agresividad, malos modos, prepotencia, egocentrismo, ansias de ser protagonista y tontuna absoluta de uno de los autores, bien apoyado por el coordinador, porque claro, entre amigos anda el juego.

Primero, "Tiempo Prestado" iba a ser el primer título de una editorial. Seis meses después, ya no había proyecto editorial. Los intentos para que el libro fuera publicado por una editorial ya montada fueron, siendo amable, pobres y flojos. Ni siquiera acabamos en Amazon, siendo autopublicados. Total, si podemos ir gratis y digital, ¿para qué más? Os hablo de una antología con relatos muy chulos, acompañados todos por ilustraciones espectaculares. Un tomo que de haberse hecho en papel no podría haber bajado de los veinticinco euros, un dato en el que, curiosamente, el coordinador-editor no pensó cuando empezó a formar la antología. Total, yo empiezo a meter gente, y como es lo mismo publicar un relato que una ilustración a color, ole mis huevos. ¿Resultado? La gran cantidad de gente tirada, cuyo trabajo acabó de la peor de las formas, da para unas cuantas historias para saber lo que no hay que hacer a la hora de montar una antología. Como por ejemplo, permitir que uno de tus autores maltrate a una de las autoras, a una compañera, para a continuación erigirse como la máxima autoridad del feminismo en este país. Claro que sí. Nada más feminista que llamar loca, mandar a buscarse una vida o a comprarse un gato a una compañera. O mandarla a tomar por culo sin que te haya dicho absolutamente nada. Todo muy tolerante, feminista, dialogante y reflexivo. Luego, como coordinador, echas a esta autora sin advertírselo antes, vas mintiendo acerca del tema,  no aportas ninguna prueba de que sí la habías avisado y echas del grupo de la antología al autor que la está defendiendo (yo), sin decirle que lo vas a echar, sin un misero mensaje por privado. Porque así se hacen las cosas. Lo mejor fue la acusación de que yo me aprovecho de la gente, y cuando ya no me sirven, las desecho. Hombre, teniendo en cuenta que cuando "montó" la editorial me escribió para unirme a ella, y acepté, y cuando la "desmontó" seguí con él... mala manera de aprovecharme. Sin olvidar que la primera conversación larga que tuvimos fue una donde me pedía que hiciera de lector cero de uno de sus relatos. Por fortuna, de todo esto tengo pruebas, porque sin pruebas no se puede acusar de nada, aunque a algunos les encante hacerlo. Por fortuna, también tengo testigos que no tendrían ningún problema en afirmar "a mí me ha hecho bullying". En fin.

Si algo he aprendido durante nueve años en este maravilloso, y a veces complicado, mundillo de letras e imaginación, es que cuando se repite una pauta con respecto a un autor, el problema está, sin duda, en él, no en los demás, y mucho menos en el entorno. El agresivo maltratador verbal del que os hablo (porque se puede maltratar también verbalmente, como bien lo sé siendo psicólogo y pedagogo) ya la liaba antes en otras antologías. "Supermalia", "Demonalia" y un par más. No se libró ni una. En "Demonalia" llamó de todo a la editora, afirmando, más de una vez, que no volvería a trabajar nunca con ella (JA), y en "Supermalia" se llevó un buen rapapolvo, quedando en ridículo de varias maneras distintas, sobre todo, al omitir que intentó enchufar a un familiar en la editorial que sacó el libro, entre otros chanchullos. Qué queréis que os diga. Si tenéis un vecino que la lía en vuestra comunidad, en el garaje, cuando hace la compra, en el trabajo y en su casa, igual es el vecino el problema. Si alguien pasa de antología en antología liandola, igual es cosa suya. Y no lo digo yo, sino que me lo dice mi experiencia con este tipo de libros. Si de esas cincuenta antologías en las que he participado hubiera cincuenta quejas sobre mí, me replantearía un par de cosas. Pero no las hay. Curiosamente, sólo he chocado con él y con un par de esperpentos humanos como él. Si participas en cuatro antologías ("pedaso curriculum, payo") y en las cuatro acabas matándote con los compañeros, igual te tienes que tomar la pastilla. O dedicarte a otra cosa. Bueno, no, que a ver si vas a meterte en el ejército, o en política, y la vamos a liar. Por supuesto, como él hace con los demás, aquí no se le va a nombrar, así que si alguien quiere darse por aludido, que lo haga, que igual la conciencia no le deja dormir bien. O la mala leche. Y si tiene algún problema, pues ya sabe dónde encontrarme, que luego pasa por mi lado, me mira, hace como que está ciego, me amenaza de muerte por privado y encima suelta que si quiero explicaciones (¿explicaciones de qué? ¿De caerle mal por ser imbécil?) sea yo quien vaya a pedírselas (con lo fácil que es acudir a un abogado cuando hay amenazas de por medio). Y sí, como os dije al principio de la presente entrada, el repaso de este año iba a ir mucho de desahogo, y una de las razones es que me suelo callar bastante. No por cobardía, sino porque intento esquivar cualquier polémica. Evidentemente, no soy un santo, y aquí, en este mi espacio, es el momento de decir unas cuantas cosas. Y si en dos antologías de tres he estado encantado de participar, también cabe decir las razones de que no sea así en la tercera. Además, es un combo, porque así es fácil comprobar quién stalkea, quién lee el blog, quién sigue obsesionado conmigo... ¡Allá vamos!

Volviendo a las cosas buenas (que cada uno se ponga medallas mientras por detrás trata a los demás como basura; el día que caigan las denuncias me voy a mear de la risa), os hablaba de las publicaciones. Es cierto que me he quedado un poco a cuadros con respecto a las antologías. En mis primeros años publicando, lo normal, o lo habitual, era participar en dos o tres antologías al año, cosa que sigo valorando mucho, por cierto; cada nuevo relato publicado en papel, es para mí una celebración como las que realizaba los primeros días, sin importar el currículo, los cuentos publicados que lleve detrás o lo que haya conseguido hasta el momento. Cuando de verdad uno tiene ilusión por esto, cuando de verdad a uno lo que le gusta es escribir y publicar (y no sólo publicar), cada nueva obra en la calle, cada nueva obra en papel, es todo un triunfo. En pocas palabras, no hay obra pequeña, no hay obra poco ambiciosa. Pero yo lo soy, y esperaba más en cuanto a antologías, algo que se está cumpliendo en este 2018, así que las gallinas que entran por las que salen. Ninguna queja tengo en cuanto a publicaciones en solitario, ya que se ha cumplido el número perfecto, al menos para mí, de obras a lanzar en un año. Tres en este caso; una antología, una novela y una reedición bastante postergada por docenas de problemas. Empezando por la reedición, hablo, por supuesto, de la nueva edición de "Batalla por Chicago", que me hacía mucha ilusión que viera la luz al fin, y todo debido a los profesionales con los que he podido trabajar en este libro, profesionales que sabían qué hacer con él, sin inventos raros y misterios misteriosos. Por un lado, la nueva edición cuenta con una espectacular portada de Marco Gómez Gómez, amigo, ilustrador y portadista al que admiro profundamente, y que debería haber despegado ya hasta la estratosfera, pero todos sabemos cómo son a veces las cosas en el mundillo artístico, y no todos los grandes suben a la misma velocidad. No me cabe ninguna duda de que Marco lo hará, y para muestra, un botón en forma de la grandiosa nueva portada que le ha dado a "Batalla por Chicago", ese homenaje que realicé hace ya cinco años a los monstruos clásicos, con mucho tono de novela negra, algo de pulp y toneladas de terror conectado a los clásicos de la Hammer y la Universal. Creo que Marco ha sabido captar a la perfección el tono de la historia, y notable es la edición que se ha marcado junto al amiguete William Fleming, jefazo de James Crawford Publishing, la editorial que se ha atrevido a publicar esta frikada, devolviendo la vida a una saga que, personalmente, creía muerta. Sí, como bien sabéis los habituales del presente blog, conforme escribía "Batalla por Chicago", mi idea de que fuera una sola novela se convirtió en una idea para una trilogía en la que los protagonistas, el periodista Samuel Parker y la investigadora privada Jessica Kramer, se irían enfrentando a algunos de los más famosos y mortíferos monstruos clásicos como el conde Drácula, el Hombre Lobo e incluso el Hombre Invisible. Esa idea a su vez mutó en la de una saga, y luego, en la de dos trilogías, pero como no soy de esos cazadores de pieles de oso que ya están forrándose la casa antes siquiera de comprar el rifle con el que cazar al oso, mejor lo dejamos en que, por ahora, será una trilogía que verá la luz, finalmente, con James Crawford Publishing. A novela por año es la idea, y por ahora, se está cumpliendo, ya que podéis encontrar a la venta, sin ningún problema, la reedición de "Batalla por Chicago", que se vende principalmente por Amazon, la manera perfecta para que no se descatalogue de nuevo. Ya sabéis, por la reedición de "Actos de Venganza" (aunque bien se considera un nuevo libro, una especie de versión extendida del director) que no soy demasiado amigo de las reediciones, a no ser que el libro en cuestión haya sido un enorme éxito de ventas. En este caso, ni siquiera fue así, siendo "Batalla por Chicago" mi novela menos vendida por el momento, pero no tenía sentido que hiciera una secuela cuando la primera parte es casi imposible de encontrar por medios... legales. Es lo que tiene que Tyrannosaurus Books se fuera a pique y esté malvendiendo sus libros sin que los autores percibamos un duro. Por fortuna, recuperamos los derechos, y de este modo, "Batalla por Chicago", el libro que abrió la colección Monsters Unleashed, puede tener una segunda vida, tanto para los que se acerquen interesados en su segunda parte, como para aquellos que me conozcan por mis últimas obras, llegados mucho después de la aparición de este título. Por fortuna, a cada nueva novela, ensayo y/o antología, consigo nuevos lectores, así que siempre es bueno tener disponibles todos los libros que me han ido publicando desde 2012, y entre ellos se incluye, por supuesto, "Batalla por Chicago". Y es que, no son pocos los maravillosos lectores que se leen alguna de mis cositas, y se interesante por las anteriores, mientras salen otras nuevas. Cuando digo que tengo a los mejores lectores del mundo, cuando afirmo que los lectores de terror son los más fieles de todos los géneros, no lo digo por decir.

Continuando con las publicaciones en solitario, toca hablar de "El Guardián del Miedo", la antología de terror que ya he citado varias veces, y que nació como un homenaje a publicaciones del género tan queridas como "Creepy", "Eerie" o la clásica entre los clásicos "Historias de la cripta". Con relatos reunidos durante los últimos tres años, la mayoría de ellos inéditos o sacados de antologías hace tiempo descatalogadas (todavía espero ese "Leyendas Urbanas", amiguetes de Esmater), "El Guardián del Miedo" nació por mi amor hacia los títulos anteriormente mencionados y libros como "El Umbral de la Noche" de Stephen King, sin olvidar mi manía de llevar a cabo antologías con un tema en común. Si con los dos volúmenes de "Actos de Venganza" era precisamente la venganza la gran protagonista, en esta antología publicada por Apache Libros, lo es el siniestro Guardián del Miedo, un personaje al estilo del Guardián de la Cripta, que presenta cada uno de los once cuentos cortos que forman la obra, creado gráficamente por Juapi, y que nos muestra el principio de cada historia ataviado incluso para la ocasión, sin escatimar en bocadillos, como si estuviéramos ante uno de los populares cómics de EC Comics, quienes publicaban "Historias de la cripta", entre otros del mismo estilo. Sólo hay que echarle un buen vistazo a la portada para descubrir lo que tanto la editorial como yo buscábamos para "El Guardián del Miedo", ochenterismo a tope, un tono que también guardan todos los relatos del libro, algo que no es casualidad. Como he dicho muchas veces, como lector puede que no le dé demasiada importancia a que las antologías acaben siendo cajones de sastre donde el autor de turno recoge varias de sus obras cortas para formar una publicación que mantenga callados a sus fans hasta la construcción de su nueva novela. Sin embargo, como escritor busco algo más, tratando de que cada una de mis antologías esté lo más cuidada posible en cuanto a su contenido, eligiendo cada cuento con atención, con mimo, con esmero y, sobre todo, con la intención de que todos encajen entre sí como piezas de un gran puzle de papel e imaginación. Y horror, en este caso, mucho horror ochentero. El resultado es "El Guardián del Miedo", la obra con la que más he viajado (por el momento), con la que he trabajado por primera vez con Apache Libros (durante este 2018 veréis al menos un par de interesantes antologías que han lanzado y en las que colaboro) y que me ha permitido lanzar al público mis relatos de terror más allá de venganzas y suspense. Es más, haciendo memoria, recuerdo que la idea surgió de varios lectores que, al comprobar que no podían seguir el rastro de los relatos con los que iba colaborando en antologías construidas entre varios compañeros, me invitaron a realizar una antología que los aglutinará todos, o casi todos. El siguiente paso fue confeccionar el tema que los uniría, dar vida al siniestro Guardián, montar la antología y buscar una editorial que apostase por ella. Apache Libros había nacido meses antes, sus títulos me gustaban y poseía una línea editorial dedicada exclusivamente a la publicación de antologías. Blanco y en botella. La envié, José del Río Fortich tardó apenas unas horas en responderme, interesado en el manuscrito, y el resto es historia ya narrada en este blog. Y que debe volver a narrarse, porque hace justo un año de la publicación de "El Guardián del Miedo", y ya toca hacer repaso de lo que ha dado de sí, que ha sido bastante, y no sólo en cuanto a viajes y génesis, sino también en cuanto a crítica y público, donde no le ha ido nada, nada mal, por fortuna.

Vayamos ahora a por la tercera y última publicación literaria de 2017, ahora sí, una nueva novela de terror en la línea de "Cinco tumbas sin lápida", "Tormenta Sangrienta" y "El que se esconde". Hablo de "Al final del bosque", de la que todavía os debo una pormenorizada entrada en la que os cuente todos los detalles sobre esta historia de terror con un bosque casi como principal protagonista, o al menos, como escenario en el que se mueven cinco personajes que tratan de sobrevivir a una pesadilla tan extraña como bizarra que llevará a despertar en ellos sus peores instintos, mientras criaturas inconcebibles les acechan, dispuestos a luchar por la jerarquía de la pirámide alimenticia. Mientras tanto, ¿qué os puedo contar? Buena o mala; mejor o peor que mis anteriores trabajos; un paso adelante o un paso atrás; sea lo que sea, y eso deben decidirlo los lectores, estoy bastante satisfecho con el resultado final de un libro que tenía muchas ganas de escribir, y no os digo ya de ver publicado, y encima con Dilatando Mentes, una de mis casas editoriales. Es cierto que esa satisfacción está expresada un poco con la boca pequeña, ya que nunca me quedó satisfecho al cien por cien cuando publico una nueva obra, sea ensayo, antología o novela. Después empiezo a darle vueltas, le saco faltas por todas partes, lo cambio todo en mi cabeza y siempre creo que podría haberla escrito muchísimo mejor, de ahí que con el siguiente título con el que me pongo, dé todavía más de mí. Como siempre, son otros los que deben decidir si lo logro o no, pero intentarlo, al menos, lo intento. Las primeras conversaciones sobre "Al final del bosque" tuvieron lugar cuando visité Alicante, en el primer semestre de 2016, para presentar "El que se esconde" y pasar unos días con Ángel y Maite, editores de Dilatando Mentes y, a estas alturas, grandes amigos, prácticamente familia, como me gusta repetir. Por entonces, "Al final del bosque" era otra novela, una con un vecindario donde habitaba una casa tan sádica como sanguinaria y cruel, idea que me guardo para un futuro no demasiado lejano. Poco a poco, y tras varias obras con bosques de por medio, tanto literarias como cinematográficas, el gusanillo de recuperar lo que en principio no era más que un relato corto de cazadores y militares contra monstruos que parecían salidos de "La Niebla" de Stephen King, se convirtió en un enorme dragón que rugía para que realizara una historia atmosférica, donde el terror psicológico de "El que se esconde" y el más físico de "Cinco tumbas sin lápida" se convirtieran en uno más ambiental, más dado por el escenario en el que sufrían los protagonistas. La lista de lugares donde es fácil pasar miedo, donde el terror se mueve con pasmosa sencillez, es casi interminable; desde psiquiátricos abandonados hasta pueblos malditos, pasando por hospitales siniestros, mansiones encantadas, solitarios barcos a la deriva, islas misteriosas, casas embrujadas y océanos de profundidades insondables. Shelter Mountain en "Cinco tumbas sin lápida"; el Chapel en "Tormenta Sangrienta"; las propias calles de San Francisco en "El que se esconde"; no puedo negar que me encante que el escenario de mis historias tome tanto protagonismo como sus personajes humanos. "Al final del bosque" no sólo es el ejemplo viviente de ello, sino uno de mis favoritos, dado que la ambientación principal es una de mis preferidas para dar miedo: un bosque. Sea de día o de noche, un bosque es aterrador, o puede resultar aterrador. Y qué queréis que os diga, si ya con la edición de "El que se esconde" quedé encantado, con la de "Al final del bosque" he tenido varios orgasmos seguidos que no han parado desde entonces. La portada de Juan Alberto Hernández y el trabajo que se han dado los editores de Dilatando Mentes son las principales causas de ello, y aunque no pueda ser objetivo con la edición de "Al final del bosque", a día de hoy creo que es uno de los libros más bonitos que ha llevado a cabo la editorial alicantina. Los extras, el prólogo, el epílogo, los infinitos detalles boscosos que pueblan cada página de la obra... Deliciosa edición, se mire por donde se mire. Un honor, un placer y un verdadero privilegio continuar trabajando con Dilatando Mentes, sacar con ellos una nueva novela (y van dos colaboraciones... que se extenderán a tres, porque la siguiente ya está pactada) y formar parte de su impresionante catálogo repleto de estrellas, tanto internacionales como nacionales.

A pesar de que en antologías el 2017 ha sido un año flojo que el 2018 ya está compensando con creces, admito que en lo referente a publicaciones en solitario se ha cumplido bastante el cupo que siempre deseo, es decir, el de tres obras publicadas, aunque en este caso una de ellas sea una reedición, a descubrir por quienes llegaron tarde, o desconocían mi existencia, cuando apareció la primera edición. Como siempre digo, soy de esos autores que de año en año suele desear lo de "virgencita virgencita que me quede como estoy", pero parece que este 2017 ha sido muy Ted Mosby también en el sentido de publicaciones, pasando de las dos de 2016 a tres en 2017, que será alguna que otra más en este 2018 si todo va bien. No, no cuento "Al final del bosque", que se editó, por mi culpa y la de mi manía por repasar cien mil veces el texto hasta desesperar a los editores, rozando el año nuevo, sino los títulos ya confirmados, y el que ya ha salido a la venta. Una nueva novela con Applehead Team Creaciones, una sorpresa con Dilatando Mentes, una reedición, una secuela de ésta reedición y la segunda parte de "Batalla por Chicago" forman el grueso de mis publicaciones en solitario para este 2018, de las que ya os hablaré con más detalle conforme vayan saliendo. Ya sabéis que suelo ser muy precavido con estas cosas, dado que el mundo editorial a veces cambio de rumbo cuando menos te lo esperas, y no soy de esos que van afirmando que van a publicar doscientas novelas durante el año y al final se tienen que autopublicar en Amazon una antología porque los planes no han salido cómo esperaban, pero los títulos que he mencionado están prácticamente confirmados, así que salvo que ocurra un desastre bastante gordo, me da que este año os vais a empachar con mis cositas de miedo. Tres títulos al año siempre ha sido la cifra que he ido buscando, y en 2017 se cumplió al dedillo, aunque eché en falta terminar el segundo volumen del ensayo sobre Stephen King, que se está alargando cosa mala por esa manía de tenerlo completamente actualizado. Y casi que vamos a conseguirlo, teniendo en cuenta que todos los filmes, series y libros del de Maine, aparecidos durante el año pasado, estarán en ese segundo volumen. Y algunas cositas del 2018, os lo puedo asegurar. También es cierto que de haber salido como yo quería el plan alrededor de la resurrección de Monsters Unleashed con la reedición y secuela de "Batalla por Chicago", el 2017 hubiera sido el año en el que habría visto la luz "Guerra en Los Ángeles", pero como ya he comentado, estas cosas son impredecibles hasta el punto de que no doy por seguro que saco libro nuevo hasta que se encuentre en las librerías. En otro orden de cosas, 2017 fue el año en el que empecé a mover tanto "Casa de Sombras", mi bolsilibro con ecos de Lovecraft, y "Cinco tumbas sin lápida" para reeditarla y que salga junto a su postergada secuela. También he tenido mucha suerte al respecto, porque ambas han conseguido colarse en las editoriales que quería, las primeras a las que mandé los dos manuscritos. Cthulhu bendiga a estos editores tan locos como maravillosos, editores que confían en mi trabajo, confían en mí y, además, disfrutan con lo que les envío. ¡Cruzo los dedos para continuar la buena racha con ellos! En cuanto a premios, 2017 ha sido tan flojo como en el área de las antologías compartidas. Además de los buenos e inesperados resultados en los Ignotus, habría que mencionar la posición de finalista en la categoría de Mejor libro para "El que se esconde" en los Premios Ultratumba de ese año, unos premios que ya son unos clásicos tanto del género fantástico en nuestro país como del presente blog, aunque teniendo en cuenta que este 2018 todavía no tenemos noticias de ellos, cuando deberíamos estar ya nominando, me temo que el 2017 fue el último año para los Ultratumba. Esperemos que no sea así, y que, durante lo que queda de año, que no es poco, tengamos novedades al respecto.

Sin embargo, no todo ha sido bueno en el mundillo literario en el que me muevo (fandom lo llaman, o algo así), a pesar de que muchos puedan pensar que cómo afirmo esto con tres libros en la calle y participación en tres antologías. La verdad es que 2017 ha sido uno de los años más polémicos, sino el que más, que me he encontrado en mi andadura de juntaletras desde que me uní a ella de forma profesional en 2009. Sí, resulta raro que diga esto cuando han pasado tantos años, pero entre los escritores (y los que no son escritores) siempre han existido roces, porque, al fin y al cabo, somos personas normales y corrientes. Hay roces en todas partes; gente que discute en sus trabajos, personas que no se llevan bien en el instituto, compañeros de clase en la universidad que no se soportan, peleas y trifulcas en los colegios... El mundillo literario de género no iba a ser una excepción, y eso que en otros medios artísticos como el del cómic y el cine, se tienen gordas, muy, muy, muy gordas. Y no hablemos de géneros como el de la novela romántica, donde se montan verdaderas batallas campales con denuncias, abogados y juzgados por todas partes. Así que si alguien os dice que el mundillo literario de género está repleto de cosas malas, discusiones, puñaladas, traiciones, polémicas y peleas, tampoco os dejéis impresionar. Aunque yo sí lo he hecho, al menos, un poco durante 2017. A veces las discusiones, verdaderamente burras, eran por política; otras, por acusaciones de machismo (he visto acusar de machista a un compañero y amigo que acaba de coordinar una antología benéfica a favor de las víctimas de violencia de género; casi nada); pero este año 2017 se ha introducido un elemento (si vais a los párrafos de "Tiempo Prestado" igual sabéis de quién estoy hablando) que si no ha provocado una polémica al mes, no ha provocado ninguna. Durante todo un año, y siendo casi siempre el centro de la misma. Y cuando la polémica no iba con él, él se las arreglaba para liarla y convertirse en el protagonista. Y lo siento, pero cuando alguien que lleva casi diez años en esto se sorprende, yo creo que estamos ya hablando de un verdadero cáncer en el mundillo que va a acabar bastante mal (preveo alguna demanda... y eso siendo amable), entre otros motivos, porque no soy el único que opina así. Y yo soy de los pequeños, porque hay varios nombres bastante importantes (autores, editoriales, librerías) que ya están tomando buena nota acerca de las mencionadas polémicas, y las respuestas que este personajazo, que parece salido de unos dibujos animados, da para argumentarse, siempre con una ristra de insultos que parecen salidos de un capítulo mal escrito de "Compañeros", o del peor episodio de "Callejeros". A veces creo que le falta un "Sole, que te pego con el mechero" para acompañar sus "hijo de la gran puta", "vete a tomar por culo", "pollavieja", "asqueroso", "desgraciado" y derivados. Si todo fuera cosa de roces, no habría problema, porque los roces personales no trascienden, no van a ninguna parte, no afectan al mundillo. Pero me temo que este absurdo personaje pretende convertirlo todo en una batalla personal que no va a ningún sitio que no sea perjudicar al mundillo, a los que deberían ser sus compañeros y a él mismo. Un kamikaze de los que ya no quedan. Karma como única solución. Tiempo al tiempo. Torres más altas, educadas e inteligentes han caído con comportamientos similares.

Esto me sirve para dar entrada a otro de los desagradables sucesos que me rozaron durante el pasado 2017, y que aunque este hombre absurdo no inició, sí que participó (por supuesto, con sus maneras de agresivo maltratador verbal). A mediados de 2017, sin comerlo ni beberlo, sufrí un intento de linchamiento en las redes sociales que, bueno, acabó en eso, en un intento tan fallido como ese bulo que ronda por ahí y que ni siquiera voy a mencionar porque hace años que se demostró (con pruebas) que no era más que eso, una invención para hacer daño y ¿conseguir que no escriba? ¿Lograr que no publique? Todavía ando cavilando qué se intenta buscar con este tipo de cosas. Si alguno de los que la lían lo dijeran ya de paso, y puesto que no suelen aportar pruebas de sus acusaciones, sería de agradecer. La acusación en este caso era muy sencilla: usé su minusvalía para insultarle (él lleva muletas). ¿Motivo? Este esperpento de personaje (porque entre sus tics, sus frases hechas, sus posts con multitud de erratas, sus motes y sus intentos por ser escritor, ya es más un personaje que una persona) cogió una frase que puse en Twitter sobre un tal Cojo de Lepanto, que puse junto a una imagen sobre el karma, y aseguraba que iba dirigida a él. Así. Sin más. Como si mañana alguien pone "El cabronazo del malagueño con gafas" y me doy por aludido porque... tengo gafas... y soy malagueño. Absurdo ¿eh? Y os quedáis cortos. El caso es que fue un intento que empezó en un día... y eso duró. Teniendo en cuenta los párrafos anteriores, donde os hablo de libros publicados, editoriales interesadas en que trabajemos juntos, editores con los que sigo colaborando y antologías a las que me invitan los compañeros, presupongo que no tengo que dar muchas explicaciones a la definición de "intento". O en otras palabras, es cuando intentas dispararle a alguien en la cara y te das cuenta de que no tienes balas, sujetas un plátano y te encuentras en otro continente. Es decir, acabas de cagarla desastrosamente. Por supuesto, di algunas "explicaciones" en mi muro de Facebook, bastante sencillas. Mi mensaje fue colocado en Twitter, era referido a una discusión política (bastante  lejos de ser literaria) y el tal Cojo de Lepanto es un perfil de Twitter del cual comparto "tuits" y con el que discuto alguna que otra vez. Además, es bastante activo en cuanto a temas políticos, en especial, criticando al actual gobierno de nuestro país, o para hablar del tema catalán. Nada de esto me lo estoy inventando. Si entráis en Twitter y buscáis Cojo de Lepanto, hallaréis incluso dos cuentas, ya que por diferentes denuncias, estuvo un tiempo sin su cuenta principal. Y veréis que es lo que digo, e incluso con buscar un poco me veréis por allí, charlando con él. En pocas palabras, si lo único que aportó el esperpentico personaje fue su palabra, y yo "explicaciones" detalladas, con pruebas incluidas... Supongo que no hace falta decir nada más, ¿verdad?

El linchamiento (de un día... perdonad, pero es que casi que me entra la risa cada vez que lo recuerdo) fue aprovechado, curiosamente, por unos cuantos para insultarme, agredirme verbalmente, amenazarme (delito, aviso, delito), soltar mentiras sobre mí y tratar de que se tambalease mi trabajo, sin conseguir apenas rozarlo. Una pena, porque montar un linchamiento en base a un "tuit" que no iba para esa persona, y que ese personaje no puede demostrar que iba para él, era un gran ataque. Tan inteligente como bien planeado. ¿Se me nota mucho el sarcasmo? Y si lo que habéis leído hasta el momento os parece absurdo, atentos a lo que está por llegar. Imaginaos, como decía más arriba, que Hannibal Lecter es llevado a un juicio donde el conde Drácula, Darth Vader, Sauron y Pennywise le juzgan. Queda raro, ¿no? Pues eso tuve que aguantar yo, los lanzamientos de mierda de gente que hacía mucho que nadaba en ella; desde el cincuentón que se lleva a su amante a todos los eventos, mientras pasa de su familia hasta el alcohólico que bebió tanto en uno de los festivales Celsius que tuvieron que llevarlo a su hotel a rastras, donde se encontraban su mujer y sus hijos, uno de ellos recién nacido, pasando por la que le debe una cantidad ingente de dinero a las distribuidoras con las que trabaja, el que aviva cualquier estúpida polémica para reactivar su blog, el eco de éste, el que va ligando con las bloggers a pesar de tener mujer mediante el ofrecimiento de colaboraciones, el que va amenazando con agredir a los demás en cuanto los vea (cosa que luego no hace; no vaya a ser que le caiga una denuncia del tamaño de Australia), el que luego va colando en antologías mediante convocatorias a sus amiguetes a pesar de que deba ser un jurado imparcial, el que va hablando mal de editoriales con las que se muere por trabajar, el "madurito" al que le van demasiado las escritoras jovencitas, el que han echado ya de varios grupos literarios por ser pesadito con el spam, el que va diciéndoles a algunos ilustradores que le hagan portadas gratis porque así, gracias a su nombre, se darán publicidad... En fin, toda una agrupación de buenas personas a cada cual mejor para juzgar a los demás, sobre todo, en base a algo falso, fácilmente desmontable y que se aclaró en apenas unas horas, aunque les pese e insistan en algo que, si de verdad les molesta, pueden ir a una comisaría a denunciar. Por cierto, de todo lo dicho (que cada cual se sienta aludido con lo que prefiera, guiño, guiño) tengo pruebas de sobra, al contrario que ellos. Porque las acusaciones se hacen con pruebas. Capturas de pantalla, mensajes de texto, Whatssapp, privados... No robando un "tuit" y aplicandoselo a sí mismo por sus santos cojones. Un "tuit", por cierto, que este esperpento de personaje no debería haber podido coger porque lo tengo bloqueado de Twitter desde el primer día. No sé, ¿cómo llegó ahí? ¿Por medio de otra persona? Pues oye, igual si alguien lee "hijo de puta el cojo", y se da por aludido, o cree que se refiere a alguien, hay algo ahí que no está del todo claro por ambos bandos. O igual uno no duerme bien, o el otro piensa que es un hijo de puta. Qué cosas.

Tuve que aguantar también absurdeces de un tipo que se cachondeó de que no le diera mi número privado de teléfono, según él, para resolver nuestros roces (chungo resolver algo cuando ésta persona se ha cebado conmigo cada vez que tenía la oportunidad, después de una puñalada inmensa por la espalda hace años, un combo bastante chungo). Supongo que si mañana le pido su dirección, o el DNI, y no me los da, me podría reír yo también, aunque más risa me da que después de tanto cabreo hacia mi persona, ahora se dedique a vender mis libros. Tuve que aguantar el absurdo de pedir pruebas y de que otro esperpento dado a las polémicas me dijera que sólo piden pruebas los culpables (es lo lógico; yo voy a tu casa, le digo a tu mujer que le estás poniendo los cuernos, y las pruebas de que no las debes ofrecer tú, por supuesto, no el que acusa), otro esperpento que milita en un partido político al que cada día le llueven bulos por todas partes, y que cada vez que pasa es el primero en decir "Si es que quienes lanzan esos bulos no aportan pruebas". Magistral. Ver cómo me desadmitian y bloqueaban personas con las que hacía años que no hablaba, con las que no me llevaba bien (pero me seguían teniendo entre sus contactos) y que desde hace mucho no me pueden ni ver, fue como ver a Spiderman perdiendo contactos de Facebook como el Escorpión, el Duende, el Doctor Octopus o el Camaleón. En pocas palabras, que alguien se tragara las absurdeces de un personaje que, además, lo vendió todo con el típico "Ya sabéis que no me gusta entrar en polémicas" (pues no mientas y deja de entrar en ellas, so muso), sin ninguna prueba sólida, sólo corresponde a dos vertientes: o esa persona está tarada, o simplemente se llevaba bien con él y mal conmigo, aprovechando el linchamiento para escupirme a la cara sin riesgo de que nadie dijera nada (aunque hubo quien lo dijo, y pocas contestaciones obtuvo; el valor es efímero, incluso tras un monitor), como si necesitarán una excusa para desadmitirme y bloquearme. Como me dijeron un autor bastante curtido en los bolsilibros de género y uno de los editores de género más importantes de este país: "Si ni te compraban, ni te leían, ni eráis compañeros, ni eran tus amigos, ni te apoyaban, ni te compartían, ni te hablaban, no has perdido nada, has ganado. Y por todo lo alto. Además, has logrado algo que el ser humano ha buscado durante siglos, y es la capacidad de que la basura se tire por sí sola". Y además de verdad. Se me han quedado las redes sociales más limpias de lo que nunca han estado. Y ahora preguntaréis, si esa gente me detestaba, ¿por qué estaban entre mis contactos? Supongo que se lo deberíais preguntar a ellos, pero tengo la teoría de que cotillear, stalkear y el síndrome Sálvame son poderosos en personas que apenas escriben y publican porque, supongo de nuevo, están muy ocupadas creando polémicas que no van a ninguna parte, tan estériles que incluso se contradicen con sus propias opiniones. Ahí tenemos a ese otro que llegó a sugerir a editoriales y lectores que me dejarán de publicar y leer... para, a continuación, pasarse meses y meses alabando el trabajo que hace una de esas editoriales que sí me publican, pese a lo que él diga. Incoherencia por bandera, que dijo el cuadros.

Y por cierto, al final, sí que tuve tirar yo también de desadmisiones, porque algunos de esos stalkers criticones siguieron entre mis contactos, como si no hubiera pasado nada. "Tío, hoy te lincho, a ver si te dejan de publicar en este país con nuestras mentiras, pero quiero seguir viendo las fotos de tus gatos que vas colgando". Claro que sí, gilipollas. A tomar por saco. Lástima que no toda la basura se sacara sola. Madre mía. La de psicólogos que necesitan unos cuantos... Para más inri, muchos de ellos no dejaron de seguir a mi pareja, al amor de mi vida, a mi Wonder, y eso que fue la que peor lo pasó con todo esto. Yo ya estoy acostumbrado, y aunque suene raro, sé que este tipo de cosas pasan en todos los mundillos, y a veces es como un peaje que hay que pagar. Pero lo tengo que pagar yo, no mis allegados, no la gente a la que quiero. Imagino que todos estos honrados de buen corazón que linchan sin pruebas, como justicieros de medio pelo que deberían mirarse antes al espejo, no tienen maridos, ni mujeres, ni hijos, ni hermanos, ni tíos, ni primos, ni sobrinos que puedan sufrir el día de mañana si yo hiciera lo mismo. Porque encima hay que ser muy retorcido para tratar de hacer sufrir a alguien, y seguir manteniendo a su pareja entre tus contactos. Por fortuna, Tamara es una campeona de armas tomar, y los mandó pronto a tomar por culo a todos. Sí, incluido al de "Me recuerdas a un amor de mi infancia", con mujer e hijos. Poner los cuernos está feo. Tanto como liarse a linchar gente a través de una pantalla, sin pruebas y esperando que esa persona ¿pierda su trabajo? Porque, al fin y al cabo, lo de escribir es también mi trabajo. No es con lo único con lo que meto dinero en casa, pero sí forma parte de las ganancias del hogar. Imaginaos que yo trasladará ese tipo de cosas al trabajo que muchos tienen aparte de esto de escribir, que eso provocara que los despidieran, que les importunara en su vida personal... Menudo cabronazo estaría hecho, ¿verdad? Dar lecciones de moral siendo peor que al que intentas dárselas es para ir al ala psiquiátrica de máxima seguridad más cercana. Falsos e hipócritas a más no poder. ¿Por? En muchos casos, porque no les caigo bien. Sin más. No os encontraréis más argumentos. Quizás el uno está cabreado porque no me llevo bien con su amigo cercano (cosa que me ha pasado; y tengo pruebas), quizás el otro porque no le reí las gracias un día concreto, y hay algunos que simplemente lo están porque me separé de ellos en una parte del camino (hubo uno al que le pregunté cinco veces qué la había hecho para que me tratara así, y acabó bloqueandome... sin responderme, claro; lo curioso es que es otro adalid de una moral algo extraña, porque participé en una antología benéfica que coordinó él, y nunca he recibido un solo informe de los beneficios de ese libro, y mucho menos, la información veraz sobre si al final llegaron a la asociación elegida). Sin argumentos. Sin pruebas. Pero ¿quién las necesita para un buen linchamiento? A distancia, por supuesto. Barcelona, Madrid, Murcia, Valencia, HispaCon de Navacerrada... Ni uno solo se acercó a decírmelo todo a la cara, a lincharme en persona, y eso que en la HispaCon me encontré con varios. Precisamente, al absurdo personaje maltratador verbal de "Tiempo Prestado" me lo encontré allí, estuve a veinte centímetros de él y qué bien que se hacía el ciego. De repente, toda esa rabia desapareció, para volver meses después cuando mi mujer le echó en cara que volviera a insultarme por la espalda, cuando ni siquiera tuvo cojones de acercarse al tenerme físicamente. La reacción de este energúmeno de Callejeros fue amenazarme con agredirme, amenazarme de muerte y bloquear a mi pareja, no vaya a ser que se le escapase también algo para ella y terminase ahí su fama de feminista. Por supuesto, captura de pantalla y para el abogado, ansioso porque el "listo" meta la pata de nuevo de esa forma y le dé una excusa para explicarse en un buen juicio, aunque sea rápido. Porque amenazar es un delito. Creerse inteligente y cagarla de esa forma, también debería serlo, pero por ahí se va a librar. Por supuesto, el "no me acerqué para no arrancarle la cabeza" debe ser el "agarradme agarradme, que me lo cargo" de este siglo. Ya sabéis, cuando el cuñazo chuleta de turno que no tiene ni medio soplido se pone valiente con el contrario, sabiendo que lo que menos va a hacer es tocarle un pelo. Porque la gente que le toca los pelos a otra gente, lo hace nada más verla... no espera a encontrarse tras un monitor, a kilómetros de distancia, para volver a amenazar. Igual todavía se lo está pensando. Sí, necesitará eso. Pensárselo mucho. Yo en cambio tengo claro que cuando la mujer de uno es capaz de admitir que su marido es polémico y que se le va la boca, algo anda mal. Y no digamos cuando una mezcla de Brad Pitt y Michael Fassbender es capaz de hablar de la cara de los demás.

Pero vayamos terminando con este tema para ahondar en alegrías del 2017, aunque antes voy a hacer dos repasos. Uno es a las irregularidades alrededor del intento de linchamiento. Veamos, porque dan qué pensar. El "tuit" que colgué no ha sido borrado, sigue ahí, algo bastante raro si tenemos en cuenta que cuando uno la caga con un "tuit", lo suele borrar; desde entonces, he puesto muchas más veces el mismo mensaje, Cojo de Lepanto incluido, y parece que ya no ha hecho más ningún efecto; si fuera verdad que voy riéndome de las minusvalías de los demás, ¿por qué me siguen publicando editoriales, mientras este esperpento se tiene que conformar con autopublicarse y que le publiquen sociedades sin ánimo de lucro?; no es casualidad que el noventa y nueve por ciento de los que me desadmitieron sean todos de la misma chachipandi, no; tampoco es casualidad que el cien por cien de quienes me desadmitieron ya me la tuvieran jurada, o no se llevaran bien conmigo y gran parte de ellos fueran amigos de este esperpento, vaya, como si mañana el PP decidiera tramitar todas las propuestas de Podemos, ¿verdad? (no queda muy objetivo eso de opinar sobre alguien a quien pondrías en un paredón hiciera lo que hiciera); normalmente, para hablar con este esperpento de persona, me comunico mediante correo electrónicos, correos donde le llamo cosas peores que Cojo de Lepanto, cosas que no sacó a la luz, lo cual es raro... o ¿porque es cierto?; este esperpento aseguró que yo le tenía bloqueado por Facebook, y todos se la tragaron doblada, porque yo no lo tenía bloqueado, me tenía él, de ahí que no pudiera contestar a sus acusaciones y al linchamiento (el valor se lo dejamos a los guerreros; aquí, a través de una pantalla y de lejos, que vaya a salpicar); y la irregularidad de las irregularidades estaba relacionada con las horas de los mensajes. Este personaje afirma que yo le insultó debido a que me menciona por culpa de otra polémica. Curiosamente, su mención ocurre en Facebook a una hora del mediodía, mientras que mi mensaje se sucede en Twitter... una hora antes de su mención. O uno de los dos viaja en el tiempo, o este rebollo embustero miente. Aun así, me encontré con quienes fueron capaces de asegurar que todo era una manipulación mía. Atentos, porque soy capaz de manipular Facebook y Twitter a la vez. ¡Una locura! Y digo yo, ¿por qué nadie me mostró una sola prueba de que mi insulto era cierto e iba dirigido a este esperpento? ¿Por qué cada vez que pedía pruebas me salían por la tangente? Raro, ¿no? ¿Por qué alguien que tiene la razón me bloquea para que no le conteste en directo? ¿Por qué cada vez que le emplazo a vernos en Barcelona, cuando voy, finge que no ha leído mi invitación? ¿Por qué no intenta resolver las cosas en privado, si tan molesto estaba con el insulto? Quizá porque le dije antes, por e-mail, ciertas cosas que le cabrearon mucho. Ciertas cosas que son... verdad.

En fin. No le voy a dar más vueltas al tema. Si he hecho mención a todo esto en la presente entrada es por la razón que comentaba al principio, porque veo justo nombrar lo bueno y lo malo del año. Y qué narices, también me merezco un desahogo en público (en Facebook fue imposible, porque además no quería nombrarle para victimizarlo todavía más de lo que él se hace consigo mismo), y este espacio me parecía perfecto para tal tarea. Eso sí, antes de dejar el tema del todo, y pasar a los últimos párrafos de una de las más extensas entradas que puedo recordar haber realizado, me gustaría dar ese último repaso anteriormente mencionado. Entiendo que existan las trifulcas, las acusaciones y las peleas en cualquier mundillo artístico, sobre todo, si lo que guardas hacia el de enfrente es un rencor fundamentado sólo en tu cabeza. Y ahí está el quid de la cuestión. Sin pruebas, sin argumentos y sin una validación real por parte de nadie, acosar y linchar a alguien, sea quien sea, debería estar tremendamente prohibido, tanto de forma legal como moral. Y más todavía secundarlo. A mí me puede caer muy mal una persona, pero si se la lincha sin una sola prueba, con falsedades e irregularidades argumentales por todas partes, conmigo que no cuenten. Puede que no salga a defender a esa persona, claro, pero me quedaría en mi casita, bien callado, porque de donde no hay no se puede sacar. Yo entiendo que puede generar frustración que seis años después de haber empezado a publicar, tu carrera esté estancada, pero yo no tengo la culpa. Yo entiendo que puede frustrar que te tengas que conformar con amistad hacia dos personas cuando te has enamorado de ellas y ahora te usan sólo de pagafantas literario, pero yo no tengo la culpa. Yo entiendo que frustre que envíes manuscritos a editoriales que te rechazan sistemáticamente con historias que a los demás sí les aceptan (un consejo; no despreciar a esas editoriales al estilo "Tal se cree que publica con Planeta", porque toman nota y luego se acuerdan de ti), pero yo no tengo la culpa. Yo no tengo la culpa de que sólo puedas autopublicarte y publicar con una sociedad sin ánimo de lucro que deba recurrir continuamente a los crowdfundings para sacar algo. Yo no tengo la culpa de que quieras vivir en Madrid y no puedas. Yo no tengo la culpa de que la mitad de quienes crees que te apoyan luego se rían de ti por pesado, maestro spameador y vendedor de pieles de oso. Yo no tengo la culpa de que seas tan absurdo de que te rías que a unos les llamen Stephen King español... y sean amigos, compañeros e incluso lectores tuyos. Yo no tengo la culpa de que te pasees por el mundillo literario como un elefante en una cacharrería. Yo no tengo la culpa de que Tyrannosaurus Books no quisiera colaborar más contigo porque tuvieron que reescribir hasta cinco veces tu única novela con ellos. Yo no tengo la culpa de que cada año te lleves más decepciones en el mundillo literario. Cada cual que se coma sus propias frustraciones. Yo no las tengo, de eso estoy seguro. Imposible tenerlas con la suerte que tengo en lo personal y lo profesional, no con amigos y compañeros con los que tengo. No con el amor de mi vida al fin a mi lado. Yo entiendo que frustre que te tengas que llamar buena persona a ti mismo, pero yo no tengo la culpa (y ese tipo de cosas son para que las mire un psicólogo, como el que se llama inteligente a sí mismo). Si se va a linchar a alguien, que se haga con pruebas, y si son de las que luego no se pueden contraargumentar con facilidad, mejor. Si se va armar la de Dios es Cristo, que antes se intente resolver por privado. Pero nadie tiene que pagar las frustraciones vitales de nadie, y menos cuando le ayudó en sus primeros pasos en este mundillo literario, a pesar del constante spam que le hacía en las fotos y publicaciones de sus obras. Y como ejemplo del hervor que le falta a este esperpento literario, cuando aquí, en este blog, hemos hablado de la tristemente caída de Action Tales, este personaje se ha dedicado a ponerme verde por todas partes. Muy bien. Hoy, hay serie de televisión de Action Tales, película de Action Tales, varias series de cómics de Action Tales, banda sonora de... No. Action Tales, después de estar parada, después de pasar a un blog, después de ir dando bandazos, ha cerrado. Qué cosas. ¿No dije que es lo que pasaría? Karma, amigos míos. Karma. Y me parece que todavía no ha terminado de trabajar. Atentos, que va a ser un 2018 la mar de interesante al respecto.

Volviendo a lo Ted Mosby, recapitulemos. Gracias a la separación de mi pareja, a tan fría separación, pude hallar el buen camino, encontrándome, al fin, mi verdadera alma gemela, mi mejor mitad, la persona con la que debería haber estado siempre. Gracias al intento de linchamiento, mis redes sociales están más limpias que nunca, supe quién era mi amigo y quién no, la basura se tiró sola y ahora tengo menos preocupaciones que nunca al respecto, sobre todo, a la hora de darle vueltas a los cotillas que pueblan mi espacio personal. Las dos únicas cosas malas del año han dado de sí cosas no ya buenas, sino excelentes, magníficas, y en el caso de mi maravillosa Wonder bonita, tan fantástica que ni viviendo billones de siglos sabría dar con las palabras adecuadas para acercarme a definirla con precisión. Como podéis comprobar, dos asuntos negativos que dan lugar a dos de los mejores asuntos positivos que jamás han pasado por mi vida, o lo que creía vida antes de conocer a mi cosita bonita entre todas las cositas bonitas. Y eso sin contar con que ha sido un año de cumplir en lo referente a publicaciones. Que sí, que sigo diciendo eso de "virgencita virgencita que me quede como estoy", porque con que me quede con la mitad, sería un gran logro. Por fortuna, karma, suerte y/o por la fabulosa gente de la que me rodeo y con la que me junto para intentar que se me pegue algo, la cosa va cada año a más, y creo que este 2018 va a ser todo un antes y un después en cuanto a mi carrera literario. Si el 2017 lo fue en lo personal, en lo emocional, en temas de corazón y alma, creo que el año en el que estamos va a ser esencial para entender hacia dónde van mis letras, tanto en premios y menciones como en antologías y, sobre todo, publicaciones en solitario. Insisto, a pesar de haber contratos de por medio y la confianza que tengo en mis editores, que es máxima, prefiero ser cauto, no por ellos, sino por las circunstancias que a veces pueden rodear a las publicaciones de un juntaletras de tres al cuarto como yo, situaciones que escapan incluso del control de editores y editoriales. De cumplirse todo lo que hay entre manos, de alcanzar las metas propuestas y localizadas de este 2018, sin duda, será un año que marque un antes y un después. Una especie de reinicio por todo lo alto. Quizá poca cosa para quienes son capaces de vivir sólo de publicar libros, incluso de género, pero para mí lo será todo... en lo profesional. Porque en lo personal, ese todo tiene nombres y apellidos, me encanta vivir con ella y encajamos tan, tan bien que es evidente que alguien nos ha creado, alguien nos ha escrito el uno para el otro.

"Ese fue el año en el que me plantaron en el altar, fue el año en el que me agredió un camarero loco, el año en el que me despidieron, el año en que fui atacado por un macho cabrío o más bien por una cabra y vive Dios que fue el mejor año de mi vida. Por que si alguna de esas cosas no hubiera ocurrido, nunca habría acabado teniendo el mejor trabajo que he tenido jamás. Pero lo más importante es que nunca hubiera conocido a vuestra madre quien, como sabéis, estaba en esa clase". Así empezaba el repaso personal del ya fallecido 2017, uno de los repasos personales más largos y movitidos desde que comencé con ellos a finales de 2012, el primer año de la Cueva del Extraño. Dejo atrás un 2017 que ha sido imprescindible para mí en todos los niveles, y en el que no sólo he tenido todo lo que he mencionado y más, sino también grandes amigos, maravillosos compañeros, fantásticos lectores, la compañía de Jonesy y Kraken, los gatos escritores (éste último cada día más gordito, más adorable, más bueno, más gamberro y más querido, ¡qué gran 2016 tuve gracias a su llegada a casa!) y la presencia de una nueva familia, ésta de verdad, sin dobleces, sin falsedades, sin hipocresías, sin malas miradas que acaban estallando cuando uno menos lo espera, aceptandome tal y como soy de arriba abajo, con mis defectos y virtudes, con mis sueños y pesadillas, con mis caídas y resurrecciones, aceptando quién soy y a lo que me dedico. Sentirse tan, tan, tan querido debería ser pecado, pero aprovechemos que no lo es para dar gracias un billón de veces... y más. Porque no puedo estar más agradecido por la vida que tengo, por la vida que he conseguido, por la vida de verdad que al fin he alcanzado, por la vida que después de muchos errores me ha dado un 2017 que, sin duda, ha sido el mejor año de mi vida... o no. Ahora toca vivirla junto a mi mejor mitad, junto a la razón de que me levante por las mañanas, junto al motivo de que todas las noches me duerma emocionado, con la más enorme sonrisa en la cara que nunca ha tenido nadie y el corazón a rebosar de amor. Cada segundo con ella, con mi campeona, con mi talentosa, con mi bonita es cada vez mejor, así que no tengo ninguna duda de que el 2018 será ESPECTACULAR. Gracias a todos vosotros. Gracias a ella. Gracias a los que me levantan. Gracias a los que intentan hacerme caerme. En definitiva... GRACIAS.

Espero veros dentro de un año. Gracias por estar ahí.

¡A por el 2018! Es todo nuestro, señoras y señores. No lo dudéis.


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